CAPÍTULO 5, SEGUNDA PARTE
Empezamos a caminar con la ténue luz que emitía la luna como linterna. Apenas podía ver nada, por lo que andaba a ciegas, sin saber donde me encontraba. En cambio, Erick parecía guiarse realmente bien, andaba con firmeza y seguridad.
De repente, sentí su mano en mi espalda, haciendo que un leve escalofrío recorriera todo mi cuerpo. Su mano me guiaba hacia el lado opuesto por el que iba.
- Es por aquí.- dijo, soltando una pequeña carcajada- Menos mal que he venido contigo, si no, apuesto a que te habrías perdido.
Sentía su aliento en mi oreja mientras me hablaba, agradecí que fuera de noche y no pudiera ver el intenso rubor que poblaba mis mejillas.
- Vale, lo reconozco, ando algo perdida por aquí.- confesé, dejándome guiar por él.
Seguimos el camino de piedra durante diez minutos más. Entonces, vi unas hermosas flores, parecidas a rosas, pero más grandes y de un color azul eléctrico.
Me detuve a contemplarlas, hipnotizada por su embriagador olor y su aparente hermosura. Alcé mi mano para tocarlas. Pero Erick me detuvo antes de que pudiera siquiera rozar el pétalo.
Me giré para mirarlo. Sus ojos azules brillaban con más fuerza conforme avanzaba la noche.
- ¿Qué pasa?- pregunté, confusa.
- Son venenosas.- explicó, mientras soltaba mi muñeca.- Es irónico como las cosas más hermosas pueden resultar mortales.
- ¿Mortales?-
Él asintió con la cabeza, mientras clavaba sus ojos en los míos.
- Una sola caricia a esta planta y no habrías vivido para contarlo.-
Tragué saliva. Si no hubiese llegado a ser por Erick podría haber muerto.
''Seguro que piensa que soy estúpida'' pensé mientras desviaba la mirada al suelo, algo incómoda.
- No recuerdo haber visto esta planta antes. Cuando fuimos al pueblo estoy convencida de que no estaba.-
- Esta flor solo sale de noche.- explicó él, mientras emprendía de nuevo el viaje, dando por finalizada la conversación.
Le eché un último vistazo a la hermosa flor y corrí, hasta colocarme a su altura.
Erick iba delante, indicándome el camino. El bosque se veía aún más hermoso por la noche, enormes flores parecidas a aquella azul que había visto unos minutos atrás reinaban en el lugar.
- ¿Todas ellas son venenosas?- pregunté, refiriéndome a las flores.
- Bueno... No todas, dependen del arbusto del que provengan lo son o no. Es cuestión de estudiarlo.- entonces señaló un pequeño arbusto que contenía brillantes flores rojas en él.- Estás, por ejemplo, no lo son.- dijo, mientras acariciaba los pétalos de una de las flores.
- ¿Cómo puedes saber cuáles son venenosas y cuáles no?- pregunté, mientras me agachaba junto a él para contemplar la flor.
- Depende del tacto que tenga las hojas del arbusto.- sus ojos brillaban mientras hablaba, lo que daba a entender, que aquel tema le fascinaba.- Este, por ejemplo, tiene un tacto suave y liso. Normalmente los arbustos de flores venenosas tienen un tacto más áspero y suelen presentar pequeños pinchos.
Acaricié el pétalo de la flor, que era realmente suave.
- ¿Esto es igual con todas las flores?- pregunté con aparente curiosidad.
- ¡Por supuesto que no! Esto que te he dicho solo se aplica con las flores que salen de noche.- explicó mientras se levantaba- Deberíamos continuar. Tu amiga...
Entonces volví a la realidad, dejando de lado las hermosas flores, y levantándome del suelo de un salto, mientras me colocaba junto a Erick.
- Tienes razón.- dije, mientras emprendía de nuevo el camino con Erick rozándome los talones.- ¿Queda mucho para llegar?
- No, ya estamos cerca.-
Y, en efecto, tras unos minutos pude visualizar la hermosa plaza del pueblo. Guié a Erick hasta la taberna.
Desde la ventana pude ver como las desgastadas butacas estaban encima de las mesas, dando a entender que la taberna estaba cerrada. Además, todo el local se encontraba a oscuras, salvo una pequeña vela, que estaba extrañamente encendida.
Miré a Erick, quien estaba tenso y miraba con atención, como si estuviera buscando algo.
- No... No puede ser...-murmuró por lo bajo.
- ¿Qué pasa?- le pregunté.
- Lena, prométeme que te quedarás aquí mientras investigo dentro.-
Sus ojos, de haber presentado ese color azul puro, pasaron a tener una sombra oscura en ellos.
Su expresión era seria, por lo que decidí no cuestionarle y asentí con la cabeza.
Me senté en un banco pegado a la pared de la taberna, esperando a que Erick saliera. Me envolví con fuerza entre mi capa, un frío gélido se apoderó de mi cuerpo. De repente, aquella antorcha que iluminaba la calle se apagó. Pegué un brinco, asustada, y me aferré a mi capa de piel con más fuerza.
Me levanté del banco y me dirigí a la puerta de la taberna, no soportaba estar fuera. Entonces, justo cuando iba a entrar, algo se me echó encima, derribándome en el suelo. Alcé la mirada y entonces lo vi, abrí los ojos como platos y un pequeño grito escapó por mi boca. Era un ser pequeño, como mucho llegaría al metro, presentaba un extraño color rojo. Sus ojos eran grandes y totalmente negros. Tenía unos enormes colmillos inyectados en sagre.
Retrocedí, asustada, era, con diferencia, la criatura más rara que había visto en toda mi vida. Entonces algo arañó mi espalda, me giré y me encontré con otro ser de esos, que me miraba con fiereza mientras mostraba sus amenazadores colmillos. Solté un grito y me alejé. Pero todo lo que veía era esas pequeñas criaturas rojas, que estaban empezando a rodearme. Encontré una enorme rama en el suelo y la alcé, golpeando a aquellos seres con la esperanza de librarme de ellos. Pero nada de lo que hacía parecía afectarles, una vez les golpeaba, se levantaban del suelo y volvían hacia mí.
Entonces, una energía poderosa se apiadó de mi cuerpo. Notaba como mis manos ardían, deseando poderla dejar salir. Llevaba mucho tiempo reprimiendo aquella energía, por lo que, dejarla salir de nuevo, fue una tarea difícil. Apunté hacia uno de esos seres que se acercaba a mí. Un chorro de energía roja salió de mis manos e impactó en el pecho de la criatura. Este, al cabo de unos segundos, se desintegró. Entonces aquellos seres se miraron entre si y sacaron los colmillos con fiereza, dirigiéndose todos juntos contra mí. Intenté volver a sacar aquella energía como había hecho unos minutos atrás, pero esta no podía salir. Me sentía muy cansada. De repente, sentí como unos poderosos colmillos se hundían en mi brazo izquierdo. No pude evitar soltar un grito. Sacudí mi brazo, quitándome a aquella criatura de encima y lo miré. La sangre brotaba de él como riachuelos de agua sin fin.
Entonces, una luz cegadora adueñó el lugar. Cerré los ojos con fuerza, ya que aquella luz se me hacía realmente molesta. Al final, decidí abrirlos. Miré a mi alrededor, confusa, todos aquellos seres que me habían estado atacando se estaban desintegrando. Oí a alguien corriendo hacia mí. Me giré rápidamente, alerta, pero resultó ser Erick, quien miraba la sangre que brotaba de mi brazo preocupado.
- ¡Lena! ¿Estás bien?- preguntó.
- Yo... Esto... ¿Qué eran esos seres? ¿Cómo has hecho eso?- mi voz temblaba ligeramente mientras hablaba.
- Luego te lo explico, ahora tenemos que salir de aquí.- dijo Erick rápidamente, mientras me guiaba hacia la salida.
- No tan rápido.- dijo una voz grabe a nuestras espaldas.
De repente, aquellos seres que se habían desintegrado hace escasos segundos aparecieron de la nada, bloqueándonos la salida. Me giré rápidamente y, me encontré con el camarero de la taberna, aquel rubio de ojos azules del que Naomi estaba enamorada.
- ¡Tú!- grité, mientras lo miraba con fiereza.
- Vaya, veo que te acuerdas de mí.- dijo Edward, mientras formaba una siniestra sonrisa en su rostro.
- Tienes idea de que puedo acabar con tu pequeño ejército de rastreadores en un abrir y cerrar de ojos,¿verdad?- dijo Erick, mientras me agarraba el brazo con suavidad.
- Por supuesto que lo sé. Ellos simplemente están ahí de adorno.- entonces, sacó a Naomi de sus espaldas y posó una daga en su cuello.- Pero, dudo que ella quiera que su amiguita muera.
- ¡Naomi!- grité mientras corría hacia Edward.
Pero Erick me agarró, antes de que pudiera llegar.
- ¿¡ Pero que haces?!- le grité mientras intentaba soltarme de su agarre.- ¡Tengo que rescatarla!
- Si vas, lo único que vas a conseguir es que te mate a ti también.- dijo seriamente.
Entonces, clavó su mirada de ojos azules en Edward.
- ¿Qué es lo que quieres?- le preguntó.
- Deberías saberlo.- respondió, mientras me miraba.- La quiero a ella.
- ¿Quién te manda?-
- Los ángeles y sus estúpidas preguntas. ¿De verdas crees que te voy a responder?- dijo, esbozando una sonrisa burlona en su rostro.
Entonces, una oscuridad envolvió el cuerpo de Edward. Al cabo de unos instantes, la luz volvió y contemplé, como unas enormes alas negras con destellos dorados brotaban de la espalda del camarero. Me quedé unos instantes mirándolas fijamente, una parte de mi las encontró hermosas, en cambio, la otra, aterradoras.
Edward al ver mi expresión soltó una pequeña carcajada.
- ¿No me digas que aún no sabe nada?-
- Cierra el pico demonio.- gruñó Erick.
- ¿Sigues intentado protegerla? Oh... Encantador.- entonces cogío a Naomi, quien seguía inconsciente y acarició su rostro.- Que ingenuos son los humanos. Les regalas unas flores y ya piensan que eres el amor de su vida.
- ¡ Eres idiota! ¡Ella está enamorada de ti!- grité, furiosa, mientras Erick seguía sujetándome del brazo.
Entonces me giré, y lo miré a los ojos.- ¿Es que no vamos a rescatarla?- dije, dirigiéndome a Erick. - ¿Piensas dejarla en manos de ese capullo?
Erick apartó la mirada de mí y miró a Edward, quien nos contemplaba con una sonrisa en su siniestro rostro.
- Vamos, ¿a qué esperas? - dijo mientras se elevaba en el aire con Naomi en brazos.- ¿No has oído a tu amiga? Déjalas salir, lo estás deseando.- puso un tono burlón en su voz.
Yo no podía apartar la mirada de Naomi, quien seguía inconsciente. Sentí los ojos azules de Erick clavados en mí.
- Oh... ¿ No me digas que no le has contado tu pequeño secreto?- la sonrisa en el rostro de Edward se ensanchó de una manera aterradora.
Miré a Erick con la duda pintada en mi cara. ¿De qué narices estaba hablando?
Bueeenas mis queridas lectoras!
Al fin encontré la forma para seguir publicando capítulos aunque no esté en mi casa. Resulta que se puede conectar el internet del móvil de mi padre al portátil. (YEAAAAAAAAAAAH)
En fin, espero que os guste, voy a despedirme antes de que se me pete de nuevo.
BYEEE
miércoles, 7 de agosto de 2013
miércoles, 24 de julio de 2013
Capítulo 5, primera parte
CAPÍTULO
5,PRIMERA PARTE
Los
días pasaron y ella seguía sin aparecer. Normalmente faltaba a
alguna que otra clase, pero esto... Era demasiado, nunca había
llegado a faltar una semana entera. Incluso los profesores empezaban
a preocuparse.
Me
acerqué a la habitación de Naomi y, una vez más, toqué, con la
esperanza de que ella me abriera formando esa amplia sonrisa en su
rostro mientras me abrazaba. Pero, como todas esas veces anteriores
que le había tocado, ella seguía estando desaparecida.
Suspiré
y fui hacia el comedor, donde debía de estar esperándome Emily para
comer.
Por
el camino me crucé con Erick. Lo miré a los ojos, y pude detectar
unas pequeñas ojeras en su habitual hermoso rostro. Parecía
cansado, algo realmente extraño en él. Entonces se giró y me
devolvió la mirada, clavando sus resplandecientes ojos azules en los
míos. Una sensación de calidez envolvió todo mi ser.
Desvié
la mirada y vi a Emily, quien me hacía señales con la mano para que
me sentara junto a ella.
No
pude evitar mirar una vez más a Erick de reojo antes de irme.
Me
senté en mi sitio habitual, en frente de Emily. Esta me miró
seriamente, abriendo sus pequeños ojos azules.
-¿Algo
nuevo? - me preguntó, mientras sorbía una cucharada de su sopa.
-Sigue
estando desaparecida.- apoyé la cabeza entre mis manos, mientras
alejaba el plato de comida.
-¿No
vas a comer nada?- me preguntó.
Negué
con la cabeza.
-No
tengo hambre.- murmuré.
Ella
frunció el ceño y me acercó el plato.
-Venga,
tienes que comer.- dijo, mientras cogía una cucharada de mi plato e
intentaba dármela como a los bebés.
Solté
una pequeña carcajada y le arrebaté la cuchara.
-Está
bien.- bufé, mientras me metía, sin muchas ganas, la cucharada en
la boca.- Algo raro está pasando... No es normal que Naomi
desapareza tantos días así como así.
Removí
mi plato de sopa, pensativa.
Entonces
alguien se sentó a mi lado, poniendo su bandeja en nuestra mesa.
Giré la cabeza con la esperanza de que fuera Naomi, pero resultó
ser Christian.
Este
me miró, estaba raro, demasiado serio y cansado, como si llevara
días sin dormir. No mostraba esa hermosa sonrisa tan particular en
él.
-Christian...-
susurré, preocupada.
Él
me cortó antes de que pudiera continuar.
-¿Sabes
dónde está mi hermana?- preguntó, con una pizca de esperanza en su
voz.
-Lo
siento Christian... Yo no sé nada...-
Él
hundió la cabeza entre sus manos.
-Ella...
Nunca había faltado tanto a clase... He tocado a su habitación
varias veces y he preguntado a todo el mundo por ella. Nadie sabe
donde está.- noté como su voz temblaba mientras hablaba.- Todo esto
es por mi culpa.
Pude
ver como pequeñas lágrimas resbalaban por sus rosadas mejillas. Me
quedé paralizada, sin saber que hacer. Ver a Christian llorando era
horrible...
Me
acerqué a él y empecé a secarle las lágrimas con un pañuelo.
-No
vuelvas a decir eso...- susurré mientras le daba un abrazo.-
Christian... No ha sido culpa tuya, ¿entiendes?
-Yo...
Siempre estoy siendo grosero con ella. Seguro que me odia.- dijo él,
mientras apoyaba la cabeza en mi hombro.- Soy un capullo.
Le
levanté la cabeza, de manera que nuestros rostros quedaron a escasos
centímetros. Sus ojos color miel brillaban a causa de las numerosas
lágrimas que descendían por sus mejillas.
-Mírame.-
le ordené.
Él
alzó la mirada, posando sus enrojecidos ojos color miel en los míos.
-No
eres un capullo y Naomi no te odia. Ella... Es tu hermana, te quiere
mucho.- dije firmemente- Te prometo que haré lo posible por
encontrarla.
-Gracias...-
susurró débilmente.
Entonces
fijó la mirada en mi hombro y pasó una servilleta por él.
-Perdona...
Te he dejado el hombro lleno de lágrimas.-
Le
dediqué una pequeña sonrisa y le arrebaté la servilleta de las
manos.
-No
pasa nada.-
-¡Christian!-
gritaron unas voces, provenientes de una mesa cercana.
Este
giró la cabeza y se volvió hacia mí.
-Me
tengo que ir.- dijo mientras recogía su bandeja de nuestra mesa.-
Gracias otra vez.
Le
sonreí tímidamente y le hice un gesto con la mano como despedida.
Me
incorporé en mi silla y me dirigí hacia Emily.
-Tengo
que encontrar a Naomi.- dije, mientras repelaba mi plato de sopa.
-¿Cómo
piensas encontrarla? - preguntó.
-Bueno...
No le he contado a Christian todo lo que sabía.- dije, desviando la
mirada hacia el suelo.- Sé que está mal... Pero Naomi no quería
que se lo contara a nadie. Creo que tengo una ligera idea de donde
está.
-No
voy a insistir en que me lo cuentes, pero, sea lo que sea que vayas
ha hacer... Ten cuidado.- dijo, guiñándome un ojo.
Le
dediqué una última sonrisa y me levanté de la mesa, llevando a
limpiar mi bandeja.
Me
asomé una vez más al balcón de mi habitación. Una oscuridad se
adueñaba de todo el paisaje, el cual estaba recubierto por una
espesa capa de nieve. No había nadie por los alrededores de la
academia, en invierno solo nos permitían salir por la mañana.
Suspiré.
Sabía
que lo que iba ha hacer estaba mal y podía hacer que me expulsaran
de la academia. Pero no podía quedarme de brazos cruzados con la
cabezota de mi mejor amiga desaparecida.
Revolví
en mi armario hasta alcanzar una capa lo bastante abrigada para que
no me congelara en la fría noche. Me la puse por encima con
delicadeza mientras abanzaba hacia la puerta. La abrí suavemente,
intentando no despertar a mis compañeros de las habitaciones de al
lado.
Anduve
con sigilo, pero no encontré demasiadas complicaciones para salir,
siendo sincera, fue más fácil de lo que esperaba. No había nadie
vigilando la puerta, por lo que, lo único de lo que tuve que
preocuparme fue de no hacer demasiado ruído.
Finalmente,
mis pies se hundieron en el suave manto de nieve que poblaba el
exterior de la academia. Apreté la capa a mi cuerpo, hacía mucho
frío allí fuera.
Anduve
por las afueras de la academia hasta que me interné en el bosque al
lado del lago.
Un
escalofrío recorrió todo mi cuerpo, apenas podía ver nada allí
dentro, la espesura de los árboles tapaba la poca luz proveniente de
la luna. Ruídos de animales e insectos reinaban aquel lugar. Sin
duda, no me habría venido nada mal una antorcha.
De
repente, pude captar pasos a lo lejos. Me quedé quieta, aterrada.
Los pasos cada vez se hacían más cercanos, incluso podía
dislumbrar una ténue silueta. Avancé sigilosamente, con la
esperanza de que no me oyera. Entonces mi pie derecho quedó
enganchado en una rama, de manera que caí al suelo, armando
justamente el tipo de ruído que llevaba toda la noche intentando
evitar.
De
repente, sentí una presencia a mis espaldas. Intenté levantarme,
pero, por mucho que pataleé, mi pie seguía enganchado en aquella
rama.
-¿Lena?-
preguntó una voz que se me hizo ligeramente familiar- ¿Qué haces
aquí?
Me
giré como pude y suspiré de alivio, liberando aquella tensión que
se había adueñado de mi cuerpo. ¡Era Erick!
-Debería
hacerte la misma pregunta, ¿no crees?- dije, cruzándome de brazos.
Él
se agachó hasta colocarse a mi altura.
-¿Qué
te ha pasado?-
-Mi
pie, creo que se ha enganchado con algo, pero no puedo ver que es.-
Él
se acercó hacia donde estaba aquella molesta rama. Sentí sus dedos
rozando mis zapatos y un leve escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
-Ya
está.-
Levanté
mi pie y, en efecto, ya estaba libre. Él me ofreció una mano para
ayudarme a ponerme en pie. Yo la acepté, agradecida. Me sacudí el
vestido y fijé mi mirada en sus ojos, que, a pesar de la oscuridad,
brillaban de ese hermoso color azul que tanto me gustaba.
-Y
bueno... ¿Me vas ha decir que hacías aquí?- dije, rompiendo el
silencio.
-Solo
tomaba el aire. Me gusta pasear por la noche. Este silencio me
reconforta, me hace pensar con claridad y reflexionar sobre lo
ocurrido en el día.- entonces me miró, con un brillo de duda en su
mirada.- Y... ¿Qué te trae a ti por aquí?
Me
quedé en silencio, sin saber que responderle. Al principio pensé en
decirle que, al igual que él, yo también estaba tomando el aire,
pero dudaba que se lo tragara.
Él
se cruzó de brazos, esperando a que contestara.
-Bueno
yo... Naomi lleva una semana desaparecida. Tenía la intención de
encontrarla.- murmuré, tímidamente, mientras desviaba la mirada.
-No
tenía ni idea.- dijo él.- Y, ¿dónde crees que puede estar?
-En
la taberna del pueblo. Estoy segura de ello.- dije firmemente- Y todo
por culpa del cerdo del camarero, que seguro que ni siquiera la
quiere...- gruñí para mí misma.
-¿Y
pensabas irte hasta el pueblo tú sola?- me preguntó, mientras
alzaba una ceja- Ni hablar, te acompaño.
-No
hace falta, puedo ir yo sola...- murmuré.
''Mentira''
dijo una voz en mi cabeza'' Estás deseando que te acompañe y lo
sabes''.
Él
sonrió. Su sonrisa no presentaba aquellos hermosos hoyuelos como la
de Jack, pero, me encantaba la forma en la que sus mejillas adquirían
esa tonalidad rosada cuando sonreía.
-Llevas
poco tiempo en la academia, por lo que, puedo intuir que no sabes
llegar al pueblo tu sola, ¿me equivoco?- alzó una ceja, con esa
sonrisa aún en su boca.
Me
sonrojé levemente, él había dado exactamente en el clavo.
Bufé.-
Está bien, puedes venirte.-
¡Buenas mis queridas lectoras!
¿Qué tal os va?
¿Os ha gustado el capítulo? Sinceramente, a mí me ha gustado como me ha quedado, pero, no por el contenido, si no por la manera en la que lo he escrito. Creo que poco a poco estoy desarrollando mi propio estilo a la hora de escribir y eso me pone feliz :)
En fin, en esta entrada no os traigo muy buenas noticias. ¿Os acordáis de que os dije que mis padres compraron una casa en la playa? Pues veréis, mañana me voy a ir allí, y a saber cuando volveré (creo que a mediados de agosto). ¿Lo peor de todo? ¡Qué allí no tengo internet! Por lo que, a no ser que consiga algo de internet del móvil de mi padre no voy a poder subir capítulo hasta que suba. De todas formas, aunque esté de vacaciones, voy a seguir escribiendo (ya que sin internet y sin amigos allí me voy a aburrir MUCHO) por lo que, cuando vuelva, llevaré tres o cuatro capítulos escritos fijo, por lo que... ¡Tardaré menos en subir! :D
En fin, esta vez me despido con la nueva canción de mis cinco idiotas... ¿Qué deciros? La canción es una pasada y el vídeo... ¡Ni os cuento! El mejor que han hecho sin duda, lo que me he podido reír...
Aunque no os guste One Direction, os recomiendo sinceramente verlo.
Bye!
Os echaré de menos :')
viernes, 19 de julio de 2013
Capítulo 4, segunda parte
CAPÍTULO 4, SEGUNDA PARTE
Sentía
voces hablando en susurros cerca de mí. Y pasos, que se acercaban
hacia el lugar en el que me encontraba. Todo lo que veía era oscuro,
seguía encontrándome débil para abrir los ojos. Entonces sentí un
suave tacto en mi frente, y un olor familiar se coló por mi nariz.
Olfateé durante unos segundos, ¿de qué me sonaba tanto?
Sonreí.
Fuera lo que fuera, me encantaba aquel olor.
Entonces,
empecé a abrir los ojos lentamente. Al principio, los fuertes rayos
de sol que entraban por la ventana me resultaron molestos, pero tras
unos segundos, conseguí acostumbrarme.
Me
senté en la cama y pasé una mano por mi frente, la cual estaba
llena de sudor.
Giré
la cabeza y entonces lo vi, un ramo de claveles de un hermoso color
rosa, situados encima de una mesa junto a mi cama.
Una
amplia sonrisa se formó en mi rostro, no tenía ni idea de quien las
había dejado ahí, pero sin duda, había acertado, los claveles eran
mi flor favorita.
Y
entonces, después de darle un rápido vistazo a la sala caí en la
cuenta de que no me encontraba en mi habitación, si no en la
enfermería de la academia.
¿Cómo
había llegado hasta allí? ¿Qué había pasado? Numerosas preguntas
vinieron a mi mente.
Entonces
una enfermera entró en la habitación.
-¿Qué
tal te encuentras?- me preguntó, formando una forzada sonrisa en su
rostro.
-Mmm...
Bien... Estoy bien...-murmuré.
La
enfermera me dirigió una última mirada y salió de la sala.
De
repente, pude captar unas voces que venían de fuera.
-Entonces...
¿Se ha despertado?- decía una voz chillona que conocía a la
perfección.
Sonreí,
esa tenía que ser Naomi.
-Sí,
pero por ahora es mejor que no reciba visitas.- dijo una segunda voz,
la de la enfermera que había entrado antes.
-Por
favor...- suplicó Naomi- Solo vamos nosotras dos, no le molestaremos
se lo prometo.
Oí
el exasperante suspiro de la enfermera mientras el manillar de la
puerta empezaba a girarse.
Finalmente
la puerta se abrió, dejando al descubierto el rostro de Naomi y una
chica que me sonaba mucho, pero no conseguía recordar de que la
conocía.
-No
armen escándalo.- avisó la enfermera- Hay más gente en la sala.
Cerró
la puerta.
Naomi
y la chica vinieron corriendo hacia el lugar en el que me encontraba.
Naomi
fue la primera en hablar.
-¿Qué
tal te encuentras?- entonces se fijó en los claveles que había
encima de la mesa.- Uuu... ¿Tienes un admirador secreto y no me has
dicho nada?- dijo, guiñándome un ojo con picardía.
Solté
una pequeña carcajada.
-Sinceramente,
no tengo ni idea de quien los ha dejado ahí.- cogí el ramo de la
mesa y lo olfateé, una vez más.- Me encanta el olor que tienen.
Entonces
aquella chica que acompañaba a Naomi me miró y sonrió tímidamente.
-Muchas
gracias por lo que hiciste. Fuiste muy valiente plantándole cara a
Lauren por mí.-
Y
entonces lo recordé todo. La discusión que había tenido con Lauren
por tirarle el plato de sopa encima a aquella chica. Y... Lo muy
furiosa que me puse cuando manchó mi vestido con su zumo.
De
lo demás no recordaba nada, sentía que estaba olvidando algo
importante, pero no sabía que era.
-No
hay de que.- dije, devolviéndole la sonrisa a aquella chica.
-Por
cierto, soy Emily.- dijo, mientras me daba dos besos en la mejilla
como saludo.
-Yo
Lena.- entonces me dirigí hacia Naomi, algo desconcertada.- ¿Qué
pasó cuándo Lauren manchó mi vestido de zumo? ¿Cómo he llegado
hasta aquí?- le pregunté.
Ella
se quedó en silencio durante unos segundos. Me contempló y pude
detectar una sombra oscura en su mirada.
-Realmente...
Nadie lo sabe. - al ver la duda en mi cara decidió continuar con su
explicación.- Cuando Lauren te tiró el zumo... Lena.. Estabas
rara... Había algo en ti... Raro... Entonces miraste a Lauren a los
ojos y te desmayaste. A ella empezó a pasarle algo de lo que nadie
tiene explicación, soltó un chillido y se tiró al suelo, mientras
gritaba del dolor.- bajó la mirada con tristeza.- Ella... Estaba
sufriendo... Nadie sabía que hacer, entonces vinieron unos
profesores y os llevaron a las dos a enfermería.
Nos
quedamos unos instantes en silencio. Estaba confusa, muy confusa.
Millones de preguntas sin respuesta merodeaban por cada uno de los
rincones de mi mente.
Entonces
Emily habló, rompiendo aquel incómodo silencio.
-Cuando
salgas de la enfermería... Bueno... Que no te extrañe si
oyes...Rumores.- bajó la mirada tímidamente.
La
miré, algo desconcertada.
-
¿Rumores? ¿Qué rumores?-
Naomi
se sentó en el borde de mi cama y me miró seriamente.
-Hay
quienes piensan que... Bueno... Que eres bruja.-
-¡Pero
no les hagas caso!- añadió Emily rápidamente- Son unos idiotas...
Recapacité
durante unos instantes. ¿ De verdad pensaban que yo era bruja?
De
repente, todas esas cosas raras que últimamente estaban pasando a mi
alrededor me vinieron a la cabeza, haciendo que floreciera un
sentimiento de duda en mi mente.
''
¿Y si tienen razón? ¿Y si soy una bruja?'' pensé, aterrada.
Quizás,
eso explicaría aquella sensación extraña que empezaba a nacer en
mi pecho... Rápidamente, sacudí la cabeza, desechando todos esos
pensamientos que venían a mi mente, yo no podía ser bruja, las
brujas no existen. Repetí estas palabras en mi mente, intentando autoconvencerme a mi misma, pero aún así, la sombra de la duda
seguía fija en mi corazón.
Naomi
me miró, confusa.
-Pero...
Tú no eres bruja... ¿Verdad?- preguntó tímidamente.
-¡Claro
que no!- contesté mientras me cruzaba de brazos.
Naomi
soltó un pequeño suspiro de alivio.
-Perdona,
pero necesitaba asegurarme.
La
semana transcurrió con normalidad, bueno, depende de lo que se
entienda por ''normalidad''.
La
mayoría de los estudiantes que estuvieron presentes en mi discusión
con Lauren me odiaban o pensaban que era bruja.
Algunas
personas llegaban a creerse la historia hasta tal punto que me pedían
que le echara encantamientos a alguien. Como el caso de Victor
(estudiante de tercero) que me pidió que hechizara a Helena para que
saliera con él, aún recuerdo su cara de decepción cuando le dije
que no era bruja.
Por
si fuera poco, aquella sensación del pecho no se iba, y cada vez que
me enfadaba, subía hacia mis ojos con intención de salir, seguía
sin saber que era, pero siempre que la había dejado salir habían
ocurrido cosas malas, por lo que, aprendí que, relajándome, podía
controlarla.
Lo
peor de todo era Naomi. Últimamente desaparecía muy a menudo, de
forma que, había clases a las que no asistía y siempre que la veía,
no me dirigía la palabra. Por lo que está última semana la pasé
con Emily, quien al principio resultó ser algo tímida, pero con el
tiempo resultó ser una muy buena persona, por lo que le cogí
confianza enseguida.
Salí
de clase de construcción de objetos, sosteniendo mis pergaminos y mi
pluma en la mano. Entonces, la vi, Naomi andaba por los corredores a
paso rápido. Corrí hasta situarme a su lado.
Esta
al girarse se sobresaltó al verme.
-¡Por
dios Lena! ¡No vuelvas ha hacer eso!- me riñó mientras me guiñaba
un ojo- Menudo susto me has dado.
Le
dediqué una pequeña sonrisa.
-¿Dónde
has estado?- le pregunté dirigiéndole una mirada de reproche-
Últimamente estás faltando mucho a clase...
-A
bueno yo... - dijo, mirando a su alrededor.
Entonces
me cogió del brazo y me arrastró lejos de allí.
-¿A
dónde vamos? - le pregunté, algo confusa.
-A
mi habitación, allí los profesores no nos oirán...- susurró
mientras cerraba la puerta tras de sí.
Me
senté en su cama y la miré algo preocupada.
-Naomi...
¿Qué has hecho?-
Ella
soltó una pequeña carcajada.
-¡No
me mires así mujer! Que no he robado nada.- dijo, guiñándome un
ojo.
Suspiré
aliviada. Y esperé unos instantes a que Naomi hablara.
-Verás...
¿Te acuerdas de Edward?- asentí con la cabeza- Pues... Estoy
saliendo con él. Quedamos una vez y a partir de ahí, nos estamos
viendo más a menudo...
-Pero...
¿Cómo os veis? Es decir... Nos tienen prohibido salir de la
academia. Por no hablar de que, la mayoría del tiempo tenemos
clase.- razoné, cruzándome de brazos.
Entonces
Naomi me miró y lo comprendí todo.
-No...
¡No! Estás saliendo de la academia a escondidas, ¿verdad?-
Naomi
bajó la cabeza, algo avergonzada.
-Lena...
Estoy enamorada de él.-
Se
sentó en una silla, frente a mí.
-Pero...
¿Por qué no me lo dijiste?- le pregunté.
Ella
me miró una vez más, pero no contestó.
-Naomi...
¡Esto es una locura! Si él de verdad te quisiese no dejaría que
perdieras clases o que tuvieras el riesgo de que te pillasen
merodeando por las afueras de la academia... ¡Podrían expulsarte!-
dije, alarmada.
-¿Ves?
Por esto precisamente no te lo quería decir... Sabía que me
echarías la bronca...- dijo, mientras se levantaba de la silla,
dispuesta a salir.
La
agarré del brazo, impidiéndole que avanzara.
-Naomi,
escúchame... Si a él le importaras realmente, vendría él hasta
aquí a verte, en vez de tú tener que arriesgarte tanto para llegar
hasta allí.- dije, suavemente.
Naomi
soltó mi agarre, furiosa.
-¡No
lo entiendes! ¡Tú no entiendes nada! Él... Él... Tiene trabajo-
-¿Enserio?
¿Esa taberna mugrienta sin apenas clientes es trabajo?- no pude
evitar que mi tono de voz sonara ligeramente sarcástico- Naomi...
¡Tú tienes que ir a clase! Dudo que pase algo porque deje su
taberna sola unos instantes.
-¡No
debería haberte contado nada!- dijo, mientras una pequeña lágrima
resbalaba por sus mejillas- Yo... Pensé que me entenderías, al
igual que yo siempre he entendido lo tuyo con Erick. A pesar de que
él me gustaba no hice nada, porque sabía que nunca se fijaría en
mí. Él estaba demasiado ocupado mirándote a ti.
La
miré, algo extrañada.
-Naomi...
Entre Erick y yo... No hay nada.- le expliqué.- A parte yo... No
sabía que te gustaba...
-Me
gustaba... Pero ya no... Estoy enamorada de Edward.- dijo, firmemente.
-Naomi,
¿estás segura? Hay veces, en las que confundimos el amor. - dije,
mirándola a los ojos.- ¿Y él? ¿Está enamorado de ti?
Ella
giró la cabeza bruscamente y se apartó de mí.
-No
tengo que daros explicaciones ni a ti ni a nadie.-
Entonces
dio media vuelta y corrió por los corredores. Pensé en seguirla,
pero algo en mí me dijo que no valía la pena, dijera lo que le
dijera ella no iba a cambiar de opinión y me dolía, ya que tenía
la intuición de que aquel chico estaba jugando con ella y acabaría
rompiéndole el corazón.
¡Buenas mis queridas lectoras!
¿Qué tal?
Antes de nada... Lo sé, este capítulo huele a trol mezclado con caca de... Gnomo y...Rebozado con sesos de... ¡Voldemort!
Vamos, que apesta (ahora no me pongáis por comentarios que es mentira porque NO, no lo es).
Pero es que... Tengo que aburriros durante un poco más hasta que llegue lo bueno (Sorry).
Me despido con la última cover de uno de mis novios, James Maslow
Bye! :)
sábado, 13 de julio de 2013
Capítulo 4 (primera parte)
CAPÍTULO
4
Entonces,
todo se volvió oscuro. El rostro de Jack descansando sobre mis
piernas empezó a emborronarse.
-¡JACK!-
grité, mientras numerosas lágrimas resbalaban por mis mejillas.
Yo
intentaba aferrarme a su mano con fuerza, pero todo el paisaje se
volvió más y más borroso.
La
escena cambió. Todo se volvió completamente oscuro. Un silencio se
adueñó del ambiente.
-No
podrás protegerla para siempre y lo sabes.- una voz grave retumbó
fuertemente en la oscuridad.- Algún día ellos la encontrarán.
-Haré
todo lo posible para que ese día no llegue.- una segunda voz
intervino. Una voz que podría haber reconocido en cualquier parte.
La voz de Erick.
Esta
última frase se repitió una y otra vez en mi cabeza, cada vez se
hacía menos entendible.
Y
entonces, cuando apenas se escuchaba un débil susurro, abrí los
ojos.
Gotas
de sudor surcaban por mi frente. Respiraba con dificultad, asimilando
que todo había sido una pesadilla, una simple pesadilla. Estaba
acostumbrada a tener pesadillas con la muerte de Jack, pero la última
escena, esa fue la que más desconcertada me había dejado. Intenté
no pensar más en ello, ya que lo único que conseguía era
provocarme dolor de cabeza.
Me
levanté de la cama. Anduve a oscuras hasta que encontré la puerta
del pequeño balcón. La abrí de par en par, haciendo que la tenue
luz de la luna alumbrara la oscuridad de mi cuarto.
Me
asomé al balcón, pensativa, mientras observaba las vistas del
bosque que bordeaba la academia. Una suave brisa de aire helado entró
por mi habitación, algo que agradecí, ya que tenía mucho calor.
Algo
frío me cayó en la cabeza. Al principio pensé que estaba
chispeando. Pero al alzar la mirada pude comprobar que eran pequeños
copos de nieve. ¡Estaba empezando a nevar!
Jack
y yo solíamos hacer guerras de bolas de nieve o construir graciosos
muñequitos cuando nevaba.
Me
di un cabezazo contra la pared. ¡Ya estaba pensando de nuevo en él!
De
repente, vi un resplandor blanco proveniente del bosque. Como el que
vi cuando Naomi y yo seguimos a Erick. Erick... No pude evitar sonreír
al acordarme de él. La imagen de su rostro se formó en mi mente.
Sus hermosos ojos azules, su pelo castaño a mechones desordenados
cayendo sobre su frente y... Su sonrisa, aquella sonrisa que
conseguía que mi corazón marchara a cien por hora.
Me
dejé caer de nuevo en la cama, agotada. Desde hacía un par de días
me sentía rara. Algo estaba cambiando dentro de mí y no sabía que
era. ¿Qué me estaba pasando?
Empecé
a jugar con aquella pluma que había encontrado, pasándola entre mis
dedos. La profesora de historia hablaba y hablaba. Yo apenas me
enteraba de nada. Sentía que estaba flotando en una nube, rodeada de
pensamientos e ideas sin sentido. Por no hablar de las enormes ganas
de dormir que tenía. Después de haber tenido esa pesadilla anoche,
me quedé despierta, ya que no me entraba sueño. Eso estaba
empezando a pasarme factura, mis ojos apenas podían mantenerse
abiertos, sentía los párpados cada vez más y más pesados.
De
repente sentí todas las miradas de clase clavadas en mí, la
profesora fruncía el ceño. Eso me hizo pensar que algo estaba
pasando, me enderecé en mi silla e hice un gran esfuerzo por
mantener mis ojos abiertos.
-Señorita
Rodrilson, ¿tan aburridas son mis clases para que no esté prestando
atención?- preguntó la profesora, mientras se cruzaba de brazos,
esperando una respuesta.
Me
quedé en blanco, sin saber que decir. Bajé la cabeza algo incómoda
ante la atenta mirada de todos mis compañeros de clase.
-No
es eso... Bueno... Yo...- empecé a balbucear.
-No
se moleste en excusarse.- dijo la profesora, mientras dejaba un
pergamino encima de mi pupitre- Esta es la corrección de su trabajo.
Bastante bueno por cierto.
La
profesora se alejó de mí y se colocó en el centro de la clase,
mientras contemplaba a todos sus alumnos con aquella mirada tan
intimidante.
-Pero
eso no es suficiente. Atender en clase suma muchos puntos en vuestras
notas finales.- esta vez la profesora se dirigió a mí- Espero que
lo tenga presente para la próxima vez.
Bajé
la cabeza y murmuré un inentendible ''sí, profesora''. Una pequeña
risa se escuchó en el fondo de la clase. No me hizo falta girarme
para averiguar de quien pertenecía. Lauren. Apuesto a que me estaría
criticando junto con sus amiguitas.
De
repente sonó el timbre.
''Al
fin'' pensé mientras recogía mis materiales de la mesa. Noté una
presencia junto a mí. Christian.
-Lena...
¿Estás bien? Tienes mala cara.- dijo él, mientras se pasaba una
mano por su pelo- Bueno... ¡No! No es eso lo que quería decir... No
es que tengas mala cara, no me malinterpretes, sigues igual de
hermosa que siempre... Yo... Simplemente...Parece que estés enferma,
se te ve muy cansada.
Solté
una pequeña carcajada.
-Tranquilo,
te he entendido.- le dediqué una pequeña sonrisa.- Simplemente
estoy algo cansada, no he dormido muy bien esta noche.
-¿Y
eso?-
-Bueno,
yo... Tuve una pesadilla.- dije, mientras desviaba la mirada algo
avergonzada.- Lo sé, es una tontería.
-No
es ninguna tontería.- dijo él, devolviéndome la sonrisa.- ¿Sabes?
Dicen que si le cuentas a alguien tus pesadillas, te sientes mejor.
Bajé
la mirada tristemente.
-Ojalá
eso fuera cierto.-
Christian
me miró, pude detectar preocupación en sus expresivos ojos color
miel.
-Lena...
¿Seguro que estás bien? Yo... Si quieres hablar con alguien, estoy
aquí para lo que quieras.-
-Gracias
Christian.- dije, mientras le sonreía tímidamente.- Pero prefiero
no hablar de ello.
-Entiendo.-
De
repente alguien me agarró del brazo. Me giré y me topé con Naomi,
quien le dirigía una vacilante mirada a su hermano.
-¿Te
importa que te la robe?- dijo guiñándole un ojo a Christian.
Yo
no pude evitar soltar una pequeña carcajada al ver la expresión de
este.
Naomi
me puso frente a ella y me contempló, haciendo una exagerada mueca
con la cara.
-¡Menudas
ojeras!- exclamó, mientras me arrastraba hacia el merendero de la
academia.- ¡Necesitas que te dé el aire libre!
Aspiré
el aroma del aire fresco. Sonreí. Realmente Naomi estaba en lo
cierto. Salir a tomar el aire había sido una buena decisión.
Nos
sentamos en la mesa en la que nos solíamos poner y empezamos a
comernos nuestro almuerzo.
De
repente empecé a oír risas y un pequeño llanto.
-¡Mi
vestido!- exclamó una voz. Parecía estar llorando.
-¿Qué
tal estaba el almuerzo?- una segunda voz intervino, esta la conocía.
Lauren.
-¿Le
ha sentado bien a la señorita?- preguntó otra voz, en tono burlón.
Esta parecía ser Melanie, una de las amigas de Lauren.
-¿Porqué
habéis hecho eso?- dijo, temblorosa.- Yo... No lo había hecho
aposta, me resbalé.
Aquellas
molestas risas volvieron, ahogando el llanto de la chica.
Me
levanté de un salto, furiosa.
-¿Qué
haces?- dijo Naomi, mientras se situaba a mi lado.
-Me
parece que Lauren le ha hecho una de sus jugadas a una chica nueva.
No pienso dejar que la manipule como se le antoje.- dije, mientras me
dirigía firmemente hacia el lugar del que provenían las voces.
Noté
como Naomi corría hasta situarse a mi lado.
-Es
una locura, pero te acompaño.- dijo, mientras me guiñaba un ojo.
Nos
acercamos a una mesa, en la que estaban amontonados una gran parte de
los estudiantes. Me hice paso entre toda la muchedumbre, hasta que
pude llegar a ver la razón de que toda esa gente estuviera allí.
Había una chica, en el suelo, tenía los ojos llorosos y su vestido
estaba manchado con lo que parecía, sopa de pollo. A su lado, con el
plato de sopa vacío, se encontraba Lauren, quien sonreía con
superioridad y sus amigas, Melanie y Cristal.
Me
acerqué a la chica y le tendí una mano, ayudándola a levantarse.
Ella la aceptó y susurró un tímido ''gracias''.
Naomi
se giró y se volvió hacia todos los estudiantes, que contemplaban
la escena con curiosidad.
-¡Y
vosotros! ¿Es que no tenéis nada que hacer?- exclamó mientras se
situaba a mi lado.
Los
estudiantes se miraron entre ellos, pero no se movieron del sitio.
-Panda
de cotillas.- gruñó Naomi.
Me
dirigí hacia Lauren, quien me miraba con una amplia sonrisa en la
cara.
-¿Por
qué le has hecho eso?- dije, firmemente.
-¿Sabes?
En primer lugar, no debo darte explicaciones de lo que hago o dejo de
hacer. -empezó a caminar en círculos, a mi alrededor- Pero, esta
vez lo voy ha hacer. Esa idiota se chocó conmigo. Por su culpa se
derramó el zumo de naranja en mi vestido.- señaló una pequeña
mancha en un pliegue de la falda.
De
repente la chica nueva intervino.
-¡No
lo hice aposta! Yo... Resbalé... No...No quería hacerlo...-
balbuceó.
-¿Y
le has tirado un plato de sopa entero solo por qué salpicó una
pequeña gota de zumo en tu vestido?- dije, cruzándome de brazos.-
Es patético.
Lauren
se acercó un paso hacia mí, mirándome fijamente con aire de
superioridad.
-No
te atrevas a hablarme en ese tono.- me amenazó.
-No
eres nadie para decirme lo que tengo que hacer.-
Ella
me miró y sonrió.
-Te
estás pasando...-
Le
arrebató el resto del zumo a Melanie de las manos y, lo vertió
rápidamente sobre mi vestido. Cuando reaccioné ya era demasiado
tarde, estaba manchada de zumo hasta arriba.
Los
estudiantes a nuestro alrededor empezaron a murmurar , noté como
Naomi intentaba secar las manchas de mi vestido con una servilleta,
pero yo apenas prestaba atención. Estaba furiosa, furiosa de que
Lauren pudiera manipular a la gente como si se trataran de muñecos
de trapo. La contemplé, apretando los puños. Sentí una energía
brotar de mi pecho, una energía oscura, que salió al exterior a
través de mis ojos. Se me empezó a nublar la vista. Contemplé a
Naomi, quien miraba un punto delante de mí preocupada. Y entonces,
todo se volvió oscuro, pude detectar un grito antes de caer en el
frío suelo recubierto de nieve.
¡Buenas mis queridas lectoras!
Sí, lo sé, este capítulo apesta, es corto y sin emoción alguna. Pero creerme, lo bueno se hace de esperar. Tened en cuenta que esto apenas es el comienzo de la novela ;)
Eso sí, la segunda parte de este capítulo será mucho mejor, esta mañana me han venido unas cuantas ideas a la cabeza que pueden ser bastante útiles.
Bueno, ¿qué tal os está yendo el verano?
¡A mí genial! Mis padres han comprado una pequeña casa a segunda línea de playa y la estamos arreglando y eso...
En fin, me despido con una canción de Auryn, ''Make My Day''.
El vídeo es una PA-SA-DA y no lo habéis visto... ¡Hacerlo!
David sale sexy *.*
Byeee!
viernes, 5 de julio de 2013
Capítulo 3, segunda parte
¡Buenas queridas lectoras!
I'm so sorry... ¡Perdonadme! Tendría que haber subido el miércoles y estamos a viernes... :L
¡Si es que todo son distracciones! Ayer estuve a nada de terminar el capítulo, pero vinieron unos amigos de mis padres y tuve que apagar el ordenador ._.
En fin, aquí os lo dejo:
CAPÍTULO 3, SEGUNDA PARTE
I'm so sorry... ¡Perdonadme! Tendría que haber subido el miércoles y estamos a viernes... :L
¡Si es que todo son distracciones! Ayer estuve a nada de terminar el capítulo, pero vinieron unos amigos de mis padres y tuve que apagar el ordenador ._.
En fin, aquí os lo dejo:
CAPÍTULO 3, SEGUNDA PARTE
Me
quedé unos instantes en silencio, recapacitando sobre lo que acababa
de suceder. Todo empezó con la piedra, esa que se elevó del suelo y
arremetió contra Christian. A partir de ahí, estaban pasando cosas
demasiado raras, cosas que, simplemente no tenían explicación.
Por
no hablar de Erick, quien parecía que estaba ocultando algo. Mi
cabeza daba vueltas, me sentía muy mareada. De repente las campanas
de la iglesia sonaron. Me levanté de un salto. Si las campanas
habían sonado es que ya debían ser las ocho.
Corrí
alarmada hacia la plaza principal, en la que debían de estar todos
los estudiantes. Un sentimiento de culpabilidad se apiadó de todo mi
cuerpo, había dejado tirada a Naomi. Había estado tan ocupada
pensando en como escapar de aquel hombre que me olvidé de que había
quedado con ella.
Finalmente
llegué a la plaza principal, donde, en efecto, estaban todos los
alumnos. Solté un largo suspiro, aliviada y apollé las manos en mis
rodillas, intentando recuperar el aliento. Acababa de darme una buena
carrera.
-Lena.-
dijo una voz.
Alcé
la mirada y me topé con Christian, quien me dedicaba una de sus
hermosas sonrisas.
-¿Estás
bien?- me preguntó.- Te he visto corriendo y pensé...
Le
corté antes de que pudiera terminar la frase.
-Tranquilo,
estoy bien. Simplemente se me hizo tarde y tuve que venir corriendo.-
expliqué, mientras buscaba a Naomi con la mirada entre la multitud
de estudiantes.
-Bueno,
realmente esta no fue la razón por la que te vine a buscar.- hizo
una pausa, como tratando de encontrar las palabras adecuadas.- Yo, me
preguntaba si...
Entonces
fue cuando la vi, parecía enfadada.
-Lo
siento Christian, tengo que irme. Luego hablamos.- dije rápidamente,
antes de que pudiera terminar lo que me estaba diciendo.
Me
abrí a empujones entre todos los estudiantes. Justo cuando estaba
apunto de llegar hasta Naomi, alguien me tiró del brazo, atrayéndome
hacia él.
Me
di la vuelta aterrada, pero al comprobar que era Erick, me relajé.
Lo
tenía a escasos centímetros, su pelo castaño acariciaba mi frente.
Su
intensa mirada de ojos azules estaba clavada en mi.
-Lena,
respecto a lo ocurrido antes...- hablaba en susurros, como si no
quisiera que nadie le oyera.- Tengo que pedirte un favor... No se lo
cuentes a nadie.
Lo
miré intrigada.
-Erick...
¿Qué está pasando?-
-Tú
solo confía en mí, por favor. No se lo cuentes a nadie.- se alejó
de mí y se mezcló entre la multitud de estudiantes.
Solté
un suspiro. Realmente no entendía a este chico. Retomé mi camino
inicial, en busca de Naomi. Finalmente me situé frente a ella,
pensando en que decirle para excusarme.
Ella
al verme me fulminó con la mirada y se cruzó de brazos, algo que
siempre hacía cuando estaba enfadada.
-Con
que ahora vienes, ¿eh?- dijo bruscamente, mientras desviaba la
mirada- ¿Después de dejar tirada a tu amiga tienes las agallas de
buscarla?
Tragué
saliva.
-Yo...
Naomi... Estaba... ¡Se me pasó el tiempo! Y... ¡Eran las ocho!-
empecé a balbucear palabras sin sentido.
-Estuve
esperando una hora. ¡Temía que te hubiera pasado algo!- dijo ella.-
¿Dónde estabas?-gruñó.
-Me
entretuve paseando por el bosque cercano al pueblo.- mentí,
frotándome las manos con nerviosismo.- ¿Sabías que hay una tienda
de dulces al lado del río?
Ella
estuvo en silencio durante unos instantes, finalmente clavó su
mirada de grandes ojos marrones en mí.
Alzó
una ceja y, vi como hacía unos tremendos esfuerzos por no reírse.
-No
intentes mentir. Se te nota fácilmente.-
Me
quedé recapacitando durante unos segundos. Mi cabeza me decía que
debía contarle la verdad, lo ocurrido hace escasos minutos, Naomi
era mi mejor amiga y se merecía que fuera sincera con ella. En
cambio mi corazón, ese maldito órgano que siempre te echa hacia
atrás en todas tus decisiones, me suplicaba que cerrara la boca, si
Erick había dicho que no lo contara a nadie tendría sus razones.
Finalmente, después de montar una especie de mini debate en mi
cabeza, decidí hacerle caso al corazón y cerrar el pico.
-Yo...
Mira, te parecerá absurdo, pero simplemente no puedo decirte donde
estaba...- intenté buscar las palabras adecuadas para no meter la
pata- No es mi...Decisión.
-Oh...
Entiendo... No confías en mí.- dijo desviando la mirada hacia un
punto detrás mía.- Entiendo que a veces puedo ser algo bocazas,
pero cuando se trata de amigos, sé mantenerme callada.
-¡No
lo entiendes! No es que no confíe en tí. No lo puedo decir a nadie
y...- no terminé la frase, ya que me di cuenta de que Naomi a penas
estaba prestándome atención.
Me
giré e intenté averiguar lo que estaba mirando.
Ella
estaba sonriendo a un chico que se dirigía hacia nosotras. Tendría
nuestra edad aproximádamente. Su cabello era rubio y tenía unos
pequeños ojos azules. Su tez era realmente blanca, algo que me hizo
pensar, que quizás fuera estrangero. Entonces él me miró con
sorpresa y me pareció ver algo oscuro en su mirada, fuera lo que
fuera, me daba mala espina. Finalmente llegó y le tendió a Naomi
una pulsera plateada.
-Te
la dejaste en la taberna.- dijo el chico, dedicándole una amplia
sonrisa.
Cogió
con delicadeza su mano y se la abrochó. Pude advertir como Naomi, a
mi lado se sonrojaba levemente.
-Gracias
Edward.- dijo con voz temblorosa, devolviéndole la sonrisa.
El
chico nos echó una última mirada y dio media vuelta.
La
profesora de historia nos lanzó un grito desde la multitud de
estudiantes, indicándonos que íbamos a partir ya. Naomi se había
quedado paralizada, presentando aquel leve rubor aún en sus
mejillas, por lo que tuve que llevarla a rastras junto al resto de
estudiantes.
Me
aclaré la garganta, llamando la atención de Naomi.
-
Con que ese era tu amorcito, ¿eh?- dije, con picardía mientras le
guiñaba un ojo.
Naomi
me lanzó una mirada fulminante, pero no duró demasiado, ya que no
pudo evitar soltar una pequeña carcajada.
-¡Es
imposible enfadarse contigo!- protestó mientras se cruzaba de brazos
de forma infantil.
-Entonces...
¿Olvidamos lo ocurrido hoy?- dije, intentando hacer las paces con
ella.
Naomi
dudó durante unos instantes, pero finalmente asintió con la cabeza
y me dio un corto abrazo.
-A
pesar de que tengo mucha curiosidad por saber que es eso tan
importante, supongo que, si no me lo has dicho, tendrás tus
razones.-
Le
dediqué una pequeña sonrisa, eso era precisamente lo que me gustaba
de Naomi, era de aquellas personas que comprende a los demás y sabe
escucharte.
Caminaba
sola. Por un pequeño caminito que salía del palacio en el que vivía
con mis padres. Llevaba una cesta, en la que metía unas frutas que
solo se encontraban por aquella zona.
Estaba
contenta. Muy contenta. Canturreaba una vieja canción mientras
recogía el máximo número de frutas posible.
Entonces
sentí una presencia a mis espaldas. Sin girarme supe quien era, algo
que hizo que mi sonrisa se ensanchara. Me rodeó por la cintura, como
tantas veces había hecho, y pusó sus labios en mi cuello, dejando
pequeños besos en él. Solté una pequeña carcajada y me di la
vuelta. Él seguía tan hermoso como siempre. Su cabello dorado, caía
a mechones desordenados sobre su frente y sus ojos, presentaban su
habitual tono verde, con aquel brillo en la mirada que lo hacía tan
especial. Nada más verme me dedicó una de sus deslumbrantes
sonrisas mientras corría a envolverme en sus brazos. Apoyé la
cabeza en su pecho, disfrutando de aquel olor a lavanda que
presentaba su ropa.
-Tenía
muchas ganas de verte.- susurró cerca de mi oído.
Sentía
que mi corazón se saldría de mi pecho en cualquier momento. Aquella
era una sensación que ningun otro chico había conseguido en mí.
-Yo
también. Te he echado de menos.-
Él
sonrió a más no poder, haciendo que unos adorables oyuelos se
formaran en sus mejillas.
Se
acercó a mi lentamente, hasta que nuestros labios se rozaron.
-¿Tienes idea de lo mucho que te amo?- susurró mientras dejaba un
pequeño beso en mis labios.
-¿De
verdad vas a dejarme así?- pregunté mientras le ponía morritos
juguetonamente.
Él
acarició mi mejilla con ternura mientras me dedicaba otras de sus
sonrisas.
-Sabes
que no puedo.-
Posó
sus labios sobre los míos. Ambos nos entregamos a fondo en aquel
beso, dejando fluir todo nuestro amor en él. No pude evitar sonreír
mientras lo besaba, me sentía más feliz que nunca. Estaba con la
persona que más amaba.
De
repente, resbalé con una piedra que se encontraba en el suelo,
tirando a Jack al suelo conmigo. Ambos nos miramos y empezamos a reír
a carcajadas. Me quité aquellos zapatos de tacón tan molestos y los
lancé lo más lejos que pude.
Jack
se puso encima mía y empezó a dejar pequeños besitos en mi cuello,
provocando que mi risa aumentara.
-Jack...-
susurré, haciendo que él levantara la cabeza para mirarme.- Te amo.
Él
se quedó unos instantes en silencio, clavando sus intensos ojos
verdes en los míos. Parecía pensativo. Entonces, su gesto cambió,
se puso serio de golpe y se levantó del suelo, tendiéndome una mano
para que me levantara con él.
-Jack..
¿Qué pasa?- pregunté, desconcertada.
Él
me rodeó por la cintura, en modo protector.
-He
oído un ruído.- dijo, mirando con atención cada uno de los
rincones del pequeño bosque que nos rodeaba- No te separes de mí y
haz todo lo que te diga.
Asentí
con la cabeza, algo asustada. Entonces lo vi, miles de sombras que
daban vueltas alrededor de nosotros con una rapidez inhumana. Eran
prácticamente imposibles de ver. Jack se puso rígido y apretó mi
mano con fuerza, como temiendo que me fuera a ir en cualquier
momento.
El
paisaje se volvió extrañamente oscuro y un frío helado se apoderó
de toda la zona. Sentía como se me ponía la piel de gallina, ante
aquel brusco cambio temporal.
De
repente, una rápida flecha con la punta de oro se dirigió hacia mi,
a penas me dio tiempo a moverme. Justo cuando estuvo apunto de
rozarme, Jack me tiró al suelo y se puso en mi lugar, de manera que
aquella flecha le atravesó de lleno la parte del pecho.
-¡Jack!
- grité mientras corría hacia su cuerpo, el cual estaba lleno de
sangre.
Le
saqué aquella flecha del pecho, mientras numerosas lágrimas
resbalaban por mis mejillas.
-Lena...-
susurró él, mientras me sujetaba la mano con dificultad.- Siempre
estaré contigo.
Y
entonces fue cuando lo perdí. Su pulso, se había ido.
Grité,
descargando toda mi rabia acumulada. Me sentía incompleta, como si
me hubieran robado una parte de mí.
Fin del capítulo.
*Tachaaaaaaaaaaaan*
¿Qué os ha parecido? ;)
Lo he hecho un pelín más largo y todo, para que veáis :P
En fin, me despido con un vídeo de mi querido Jack Harries (que cada día está peor) en compañía de su buen amigo Casper Lee.
En este vídeo van supuestamente ''ligando'' con las chicas utilizando letras de las canciones de One Direction. (Seeh, muy normal). Está en inglés, por lo que, si tenéis un inglés muy malo, no os recomiendo verlo jajaja
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