martes, 17 de septiembre de 2013

Capítulo 7, segunda parte

CAPÍTULO 7, SEGUNDA PARTE
Erick y James se miraron entre ellos y, tras unos segundos, se sentaron en el césped, justo enfrente de mí.
Verlos uno al lado del otro me hizo pensar en lo muy diferentes que eran. Mientras que la mirada azul de Erick transmitía seguridad y calidez, la de James, tenía un aire misterioso y electrizánte que hacía que se me pusieran los pelos de punta. La palidez del demonio contrastaba con el ligero bronceado de Erick. Lo único que tenían en común era la altura y el cuerpo musculoso.
Finalmente, el ángel de ojos azules carraspeó, haciendo que dejara mis comparaciones de lado y pusiera mi atención en él.
-Todo comenzó hace, aproximádamente 20 años. El reino angélico era un caos. Los demonios habían encontrado la forma de ascender a los cielos y arrasaban los dominios de los ángeles.
James carraspeó, interrumpiendo la explicación de Erick.
-Si los demonios os invadimos, fue porque nos desterrásteis al submundo.- aclaró este.
-Ya pero...- fue a replicar Erick, pero antes de que acabara la frase lo interrumpí.
-No importa quien invadiera a quien, haz el favor de continuar con la historia.- protesté, soltando un suspiro.
Erick se quedó unos segundos en silencio hasta que decidió continuar.
-Bueno. Los demonios nos invadían, incendiaban nuestros cuidados jardines, mataban a los más débiles...-
James abrió la boca, dispuesto a replicar, pero le fulminé con la mirada, provocando que este la cerrara de inmediato, frunciendo el ceño.
-Los ángeles decidieron luchar, formando un ejército con las mujeres y hombres más fuertes. A diferencia de los humanos, los ángeles y demonios consideramos a las mujeres lo suficientemente fuertes para luchar.- explicó Erick- La guerra que se llevó a cabo fue brutal, una de las peores de los últimos siglos, por lo que me han contado. Pero finalmente. Los demonios se marcharon, ya que habían perdido a una considerable parte de su población.
-Al igual que los ángeles.- añadió James.
Erick rodó los ojos, aparentemente molesto por aquel comentario.
-Pasada la guerra. Todos los ángeles sobrevivientes se reunieron en el gran salón de actos, dentro del castillo principal del reino. Allí se contaron a los muertos de la guerra y los daños producidos en el reino angélico. Fue entonces cuando se dieron cuenta de la falta de una presencia importante en la sala. El arcángel Daniel. Al ver que no estaba allí, todos le dieron por muerto.
-Ya, muy bonita la historia.- dije, interrumpiendo a Erick- ¿Pero que tiene que ver todo esto conmigo?
-Lena... Daniel, era tu padre.- dijo James, clavando su amarillenta mirada en mí.
Abrí los ojos como platos.
-Espera... ¿¡Qué?!- dije, sorprendida ante su respuesta- ¿Cómo va a ser un arcángel mi padre? ¿¡Pero no acababas de decir que estaba muerto?!
Erick frunció el ceño y suspiró con impaciencia.
-¿¡Quieres dejarme continuar la historia?!- protestó.
-Está bien. Continúa.- dije, intentando, sin mucho éxito, relajarme.
-Dije que todos lo daban por muerto, pero realmente él no lo estaba. Por lo visto el arcángel Daniel se enamoró locamente de una demonia de la que no recuerdo el nombre.-
-Abrahella.- aclaró James, interrumpiendo a Erick.- Se llamaba Abrahella. Era una demonia muy famosa en el submundo. Su increíble belleza era la perdición de todos los demonios, quienes besaban el suelo por el que ella pasaba.- sus ojos amarillos penetraron en los míos intensamente. Desvié la mirada, incapaz de seguir mirandolo a los ojos
-En fin.- prosiguió Erick- El caso es el el amor entre Abrahella y Daniel era mutuo y bueno, de ahí surgiste tú.
-¡Un momento!- dije, provocando que Erick y James dirigieran sus miradas hacia mí.- Pero... No... No puede ser...- balbuceé, intentando ordenar las ideas en mi mente- Mis padres no tienen pinta de ser un ángel y un demonio. Ellos... Son los condes de Gredfield.
James resopló, rodando los ojos.
-¿Es que no lo entiendes? Ese matrimonio que lleva cuidándote toda tu vida no son tus verdaderos padres.- explicó.
Me quedé petrificada al oír las últimas palabras de James.
'' Llevo viviendo toda mi vida en una mentira'' esta idea golpeó mi cabeza como 20 puñales.
-Pero... Ellos nunca me lo dijeron.- dije, en un susurro apenas audible.
-No les eches la culpa. Uno de los demonios de la A.P.U hechizó a los condes para que pensaran que eras su hija.
-No lo entiendo... ¿Por qué?- dije, algo confusa. Era difícil para mí asimilar todo aquello de golpe- ¿Y qué es la A.P.U?
-Lena... Los ángeles y demonios llevan odiándose desde el principio de los tiempos. Para ellos es una aberración que un ángel y un demonio se amen. La A.P.U es una asociación de un grupo de ángeles y demonios a la que pertenecemos James y yo. Nos encargamos de protegerte.
-¿Qué significan las iniciales de la asociación?- pregunté.
-Realmente, nadie lo sabe.- explicó James, encogiéndose de hombros- Supongo que el tío que formó la asociación no tenía demasiada imaginación y escogió tres letras a voleo que quedaban medianamiente bien.
En otras ocasiones habría soltado una pequeña risita ante la respuesta de James. Pero en estos momentos no podía evitar estar seria, asimilando que llevaba toda mi vida pensando que era alguien que no era.
-Ey... Lena, ¿estás bien?- preguntó Erick, acariciándome la mejilla suavemente.
Sus ojos azules brillaban mientras me miraba con preocupación. Asentí con la cabeza.
-Erick. ¿Qué ha sido de mis padres?- pregunté, en un susurro.
Este dejó de acariciarme la mejilla y me miró seriamente.
-Los mataron.-
Ahogué un grito de horror.
-¿Los mataron simplemente por el hecho de estar enamorados?- dije, sin creermelo- ¿Y los ángeles lo permitieron? Pensaba que estábais a favor del amor y todo ese rollo.
James sonrió con malicia.
-Los ángeles no son como tú crees hermosa. Ellos desprovaban el amor de tus padres tanto como lo hacían los demonios.
Desvié la mirada. Sinceramente no me esperaba aquello. Siempre había pensado que los ángeles eran los buenos y los demonios los malos. Ahora entendía que todo no era tan simple como aquello.
-Entonces... Los ángeles y demonios me consideran... ¿un monstruo?- balbuceé, mientras arrancaba césped con nerviosismo- ¿Simplemente por ser el fruto del amor entre un ángel y un demonio?
Erick y James asintieron con la cabeza.
-Pero apuesto a que más de uno cambiaría de idea si te viera...- dijo James, con picardía.
Erick alzó una ceja, fulminándole con la mirada. Yo decidí ignorar el comentario.
-A ver... Dejarme que me aclare.- dije, intentando ordenar todas las ideas de mi mente.- Mis padres son un ángel y una demonia, por lo que poseo características de ambos. La mayoría de ángeles y demonios me consideran un monstruo y quieren matarme, en cambio, hay una pequeña asociación llamada A.P.U que quiere protegerme. ¿Voy bien?
Tanto el ángel como el demonio asintieron con la cabeza.
-Lena...- alcé la mirada, clavando mis ojos en Erick- Ellos te tienen miedo. Te tienen miedo porque eres diferente. Temen que puedas usar tu poder contra ellos. Tienes características de un ángel y características de un demonio, eres el equilibrio entre ellos. Si los ángeles somos el blanco y los demonios el negro, tú eres el gris.
Recorrí a James y Erick con la mirada.
-Y vosotros. Los de la asociación A.P.U, ¿por qué me protegéis? ¿ Por qué no me queréis matar como lo desean los otros?- pregunté, clavando mis extraños ojos verdes en ambos.
Esta vez fue James el que contestó.
-Porque creemos en ti. Tenemos la esperanza de que tú seas la que una a ángeles y demonios. No pedimos la paz, ya que eso es imposible. Simplemente queremos que ambos bandos se respeten y aprendan a convivir juntos. Ya que bueno, al fin y al cabo, la luz no podría existir sin la oscuridad, ¿no crees?-
La última observación de James me dio que pensar. Me costaba reconocerlo, pero él tenía razón.
-La persona que me atacó durante la excursión al pueblo... ¿Era uno de esos ángeles o demonios que me quieren matar?- pregunté
Erick asintió con la cabeza.
-Edward, también quería matarte. Utilizó a tu amiga Naomi para llegar hasta ti.- explicó él- Por ahora solo han mandado a demonios a matarte, lo más probable es que el siguiente que intente atacarte sea un ángel. Supongo que por eso te mandaron a ti.- se dirigió hacia James, quien tenía la mirada perdida en el lago.
Entonces este se giró, y al ver la confusión en mi rostro, decidió explicar las palabras de Erick.
-Los ángeles no perciben tan bien a los de su especie como lo hacemos los demonios. Al igual que los demonios no percibimos a los de nuestra especie como lo hacen los ángeles.- dijo James- Los ángeles y los demonios nos odiamos por razones desconocidas. Siempre que hay un ángel cerca percibo como un gran sensación de odio empieza a formarse en mi pecho. Ahora, por ejemplo, estoy haciendo unos grandes esfuerzos por no estrangular a tu amigo el angelito.
Erick le dirigió encantadora sonrisa.
-¡Qué amable por tu parte!- dijo, con ironía.
-¿ Por qué quieren matarme ahora?- pregunté, cambiando de tema- Es decir... Podrían haberlo hecho cuando era un bebé, ¿no habría sido más fácil? Aparte, no recuerdo que de niña quisiera matarme alguien. Estos ataques están empezando ahora.
Erick abrió la boca para contestar, pero el demonio empezó ha hablar antes de que le diera tiempo ha decir nada.
-Por lo que me han contado. Cuando naciste, tu padre, Daniel, sabía que en cuanto se enteraran los ángeles y demonios de que habías nacido te matarían. En esos momentos tus padres estaban huyendo, ya que habían montones de patrullas en busca de ellos. Él te dio al creador de la A.P.U, que por lo visto era un amigo íntimo de tu padre, y este prometió protegerte. Te llevó con los condes a los que tú conocías como tus padres.- hizo una pausa- En cuanto los ángeles y demonios se dieron cuenta de que Daniel y Abrahella habían tenido un bebé ya era demasiado tarde, ya que tú estabas con los condes. Cuando eres pequeño tus poderes no se pueden captar. Llevan estos 17 años buscándote, pero nunca te habían visto, por lo que no sabían cual era tu aspecto. En cambio ahora, estás apunto de cumplir los 18, por lo que tus poderes están en proceso de formación. Ellos ya saben quien eres y pueden captar tu presencia.
Me levanté del césped de golpe. Sentía que mi cabeza me explotaría en cualquier momento. Tanta información de golpe empezaba a no sentarme demasiado bien. Ya entendía porque Erick se había empeñado en mantener mi naturaleza en secreto.
Erick y James se levantaron al ver que yo me ponía en pie. Di media vuelta, y sin despedirme si quiera, empecé a caminar hacia la academia. No me vendría mal dormir un rato. Sentí unos pasos a mis espaldas. Una cálida mano se posó en mi hombro. Me giré y me encontré con unos amarillentos ojos, que me miraban por una vez, sin burla en ellos.
-Entiendo que tanta información de golpe sea demasiado para ti. Pero, pensé que era justo que lo supieras.- dijo él con seriedad.
-Estoy... Estoy bien.- mentí, mientras daba media vuelta y continuaba mi camino.

Sí que me vendría bien tumbarme en mi cama, después de todo.

Bueeenas angelitos!
¿Qué tal estáis?
¡Por en ángel! Al fin sabéis la verdadera naturaleza de Lena, ¿os esperabais que fuera la hija de un arcángel y una demonia? 
Este capítulo no tiene acción, pero creo que aclara bastantes incógnitas de la novela. Si supierais lo que me costó idear la historia para que todo encajase...
Eeeen fin,
no tengo mucho más que decir, a si que me voy.
Me despido con una canción que ya tiene sus años, pero sé que nunca dejará de gustarme.
Byeee!
PD: Gracias a todas por felicitarme por mi cumpleaños,
Os quiero :)

martes, 10 de septiembre de 2013

Capítulo 7, primera parte

CAPÍTULO 7, PRIMERA PARTE

La campana sonó con insistencia como todas las mañanas para avisar a los estudiantes de que debían de empezar a levantarse. Abrí los ojos lentamente y, tras unos segundos acostumbrándome a la luz del sol, me levanté de la cama.
Abrí mi armario y cogí el uniforme de la academia (que mi padre al fin me había enviado). Lo observé. Era un vestido largo de un color verde oscuro, en la parte superior se podía ver grabado el escudo de la academia. Me lo puse a reñadientes, y pensar que tendría que ponérmelo durante todo el curso...
Una vez estuve totalmente arreglada salí de mi habitación y me dirigí hacia la enfermería, como llevaba haciendo durante dos semanas desde que Erick y yo dejamos a Naomi allí.
Saludé a la bajita enfermera, que ya estaba acostumbrada a verme allí todas las mañanas y fui hacia la cama de Naomi, con la esperanza de que al fin estuviera despierta, con esos grandes ojos marrones suyos abiertos. Pero al descorrer la cortina de su cama, pude comprobar, con cierta desilusión, que aún no se había despertado.
-¿Sigue inconsciente?- pregunté, girándome para mirar a la enfermera.
-Sí...- dijo, formando una forzada sonrisa en su rostro- No te preocupes cariño, se pondrá bien.
-Ya...- gruñí, mientras me dirigía hacia la salida de la enfermería- Eso llevas diciéndome dos semanas y mírala, sigue igual.
Cerré la puerta de un portazo.
-¡Hacemos lo que podemos!- oí decir a la enfermera, desde el otro lado de la pared
-Pero no es suficiente...- murmuró alguien a mis espaldas- Nada es suficiente, no despierta.
Me giré, topándome con un Christian serio y con pequeñas ojeras bordeando sus hermosos ojos color miel. Desde que su hermana estaba inconsciente apenas se le veía en clase. Se pasaba día y, por sus ojeras, diría que también noche, en la enfermería, junto a su hermana. Aquella hermosa sonrisa que tanto le había caracterizado llevaba semanas sin aparecer en su rostro, el cual ahora era serio.
Lo miré con cierta compasión, él era el que peor lo estaba pasando en estos momentos.
Lo cogí del brazo y lo guié hasta clase. Desde que su hermana estaba inconsciente había fluido una bonita amistad entre nosotros.
-Debes ir a clase.- dije, ignorando sus protestas pidiéndome que le dejara volver a la enfermería- No puedes pasarte todo el día ahí dentro. Te acabarás volviendo loco.
Este, al ver que nada de lo que dijera me iba ha hacer cambiar de idea, decidió entrar en clase. Una multitud de chicas se le abalanzó preguntándole por su hermana y si se encontraba bien. Decidí sentarme en mi asiento habitual, justo detrás de Erick, ya que tanta gente me estaba empezando a agobiar. Entonces, este se giró, apoyando su cabeza en el respaldo de la silla. Y una vez más, no pude evitar dirigir mi mirada a sus hermosos ojos azules, que desprendían aquella luz tan característica en ellos.
-¿Sigue sin despertar?- preguntó.
Asentí con la cabeza como respuesta, probablemente la desilusión se veía a kilómetros en mi rostro.
Este inclinó su silla hasta apoyarla en mi mesa y se acercó a mí, de manera que nuestros rostros se quedaron a escasos centímetros.
-Tengo una idea de porque sigue inconsciente.- susurró, de manera que solo yo lo podía escuchar- En cuanto salgamos de clase te explico.
Lo miré, con la duda pintada en mi cara y justo cuando Erick se separó de mi mesa entró la profesora de historia a clase, con una sonrisa de oreja a oreja. Se sentó en su escritorio y ordenó a unos cuantos estudiantes que seguían de pie hablando que se sentaran en sus correspondientes sitios. Me acomodé en mi asiento, apoyando la cabeza entre mis brazos y mirando distraídamente hacia la ventana.
Entonces, unos suaves golpes provenientes de la puerta resonaron por la clase. La profesora se levantó y abrió la puerta. Estuvo durante unos segundos fuera, apenas se escuchaban unos suaves murmullos desde fuera de la clase y entonces entró, pero no iba sola. Un chico la acompañaba. Era alto, era gracioso verlo al lado de la profesora, ya que esta apenas superaba el metro y medio. Su pelo era de un intenso color negro, lo que más me llamó la atención fueron sus ojos, que relucían con un cierto brillo de superioridad en ellos, eran de un color amarillento, con reflejos verdes claro. Llevaba el uniforme de la academia arremangado hasta el codo y la corbata ligeramente aflojada. Llevaba las manos dentro de los bolsillos y mostraba una media sonrisa en su rostro.
Podía oír a las chicas a mis espaldas suspirar y comentar lo muy guapo que era.
-Chicos. - al ver que los alumnos seguían hablando entre ellos, la profesora se vio obligada ha alzar la voz- ¡Chicos silencio!.- entonces, se dirigió hacia el atractivo chico, con una sonrisa en su rostro.- Este es James, será vuestro nuevo compañero.
El chico pasó una mirada distraída por la clase, como analizando el lugar. Por su expresión, podía adivinar que apenas estaba haciendo caso a lo que le decía la profesora. Entonces su mirada se detuvo en mí, sus labios formaron una media sonrisa y giró la cabeza para mirar a la profesora, que le estaba indicando donde debía sentarse.
El chico se abrió paso hasta llegar a su sitio, que estaba a final de la clase. Las chicas suspiraban y se giraban para mirarlo cuando pasaba por su lado. A este no parecía importarle, de hecho, le guiñó el ojo a una de las chicas.
'' Son patéticas'' pensé, rodando los ojos.


Al fin, la campana resonó por toda la academia, indicando el final de la clase. Me levanté de un salto y recogí mi mesa con rapidez, metiendo los pergaminos, la pluma y la tinta echos un revoltijo en mi mochila.
Entonces, justo cuando iba a colgarme la mochila al hombro choqué con Erick, quien estaba detrás mía.
-Perdona yo...- apenas me dejó terminar la frase, ya que me agarró del brazo y me sacó a rastras de la clase.
Una vez estuvimos fuera me crucé de brazos y esperé a que me diera una explicación por su anterior comportamiento.
-Es un demonio.- dijo, pude ver como sus ojos ardían de odio al pronunciar la última palabra.
Lo miré algo desconcertada.
-¿Un demonio? ¿Quién es un demonio?-
-El chico nuevo, James.- respondió, como si fuera obvio.
-Vaya... Acabo de llegar y ya hay gente hablando de mí.- dijo una voz a nuestras espaldas.- El ángelito y su bella acompañante. Interesante.
Erick y yo nos giramos prácticamente a la vez. Un incómodo silencio se apiadó del lugar. Erick y James se miraban entre ellos, era visible a kilómetros el odio que desprendían los ojos de ambos al mirar al otro.
-¿Qué es lo que quieres demonio?- gruñó Erick, fulminándolo con la mirada.- ¿Qué narices haces aquí?
James formó una encantadora sonrisa en su rostro.
-Si quisiera matarla, ya lo habría hecho.- dijo, dirigiéndo la mirada hacia mí.
Sus ojos me recorrían de arriba a abajo con descaro. Apreté los puños echa una furia, odiaba que me miraban así. Entonces él dio un paso hacia a mí y alzó la mano con intención de acariciarme la mejilla. Iba a apartarme cuando Erick se interpuso entre nosotros dos, dejándome detrás de él.
-Ni se te ocurra tocarla.- le advirtió, con un tono amenazador en su voz.
Los músculos de su espalda estaban tensos.
Me entraron unas tremendas ganas de pasar mi dedo por su espalda. Sacudí la cabeza, borrando aquellas absurdas ideas de mi cabeza.
-Baja esos humos angelito.- dijo James, mientras se arremangaba aún más el uniforme de la academia.
Giró el brazo y le enseñó un tatuaje que representaba una ala negra y otra blanca unidas, por un lazo.
Pude ver como los músculos de Erick se relajaban, y entonces se arremangó también, mostrando un tatuaje exactamente igual.
-Que desconfiados que sois los ángeles por Lucifer...- gruñó el demonio rodando los ojos.
-Tenemos nuestras razones para desconfiar de vosotros.- replicó Erick, mientras se colocaba la manga del uniforme.
Yo les miré algo desconcertada. ¿Se puede saber que narices estaba pasando? ¿Qué significaba aquel tatuaje que tenían los dos?
Carraspeé, provocando que la amarillenta mirada de James y los ojos azules de Erick se posaran en mí.
-Existo, ¿sabéis?- dije, cruzándome de brazos.
James miró a Erick, alzando una ceja.
-¿Aún no se lo has dicho?-
Este desvió la mirada al suelo.
-Aún no está lista...- respondió secamente.
-Otra vez empiezas con eso...- gruñí- ¿Algún día estaré lista para ti?
-Necesitamos que lo sepa.- dijo James, serio por una vez en toda la conversación.- Tiene que ir aprendiendo a usar sus poderes y a desarrollar sus alas.
-¿Alas?- pregunté, frunciendo el ceño.
-¡Por dios! ¡Haz el favor de cerrar el pico demonio!-
-Ocultándole su naturaleza no vas a conseguir nada. O se lo dices tú o se lo digo yo. Tú eliges angelito.-
-Está bien. Pero salgamos fuera, aquí hay demasiada gente.- gruñó Erick, mientras daba media vuelta y se dirigía hacia la salida de la academia.
Aceleré el paso, para colocarme detrás de él. Noté la presencia de James a mi lado. La mayoría de las chicas nos miraban y murmuraban cosas que mi oído no llegaba a captar.
Finalmente salimos fuera. Llené mis pulmones con el puro aire que se respiraba en los cuidados jardines de la academia. Erick se giró para mirarme.
-Será mejor que te sientes. Hay para rato.-

Me senté con cuidado en el césped y alcé la mirada, preparada para escuchar lo que tuvieran que decirme.

Hooolaa mis angelitos,
¿qué tal os va?
Sé que este capítulo es algo corto, de hecho, podría haberlo hecho más largo, pero preferí dejaros con la intriga (me amáis, lo sé).
NOOOOTICIÓN
¿A que no adivináis de quién es el cumpleaños este domingo?
(De Niall Horan noo, el los cumple el viernes). 
MÍO! Esta idiota de aquí cumple 14 añitos :3 (Me cachis, ¡me estoy haciendo vieja!)
En fin, os lo digo para que me enviéis algo, no pido demasiado, solo quiero un Jace Lightwood.
Me despido con ROOAR de Katty Perry. (amo el vídeo, ¡es muy original!)

PD: ¿Qué os parece James? Es muy sexy el jodio... :P

lunes, 2 de septiembre de 2013

Capítulo 6, segunda parte

CAPÍTULO 6, SEGUNDA PARTE

Tras un par de horas más andando pude visualizar los altos torreones de la academia.
Suspiré, aliviada, el camino de regreso se me había hecho realmente largo ya que Erick y yo seguíamos sin dirigirnos la palabra.
Finalmente, justo cuando estábamos apunto de entrar en la academia, rompí el frío silencio.
-¿Y ahora qué?- dije, con brusquedad- ¿Entramos a la academia como si nada, con Naomi inconsciente y tú con dos profundas heridas?
Erick me miró, se le veía realmente cansado lo que hizo que sintiera una pizca de lástima por él, el pobre llevaba cargando con Naomi todo el camino.
-Subimos a mi habitación, me curas las heridas, nos inventamos alguna excusa sobre el estado inconsciente de Naomi, la dejamos en la enfermería y fin.- respondió, en el mismo tono brusco que había utilizado yo antes.- ¿Qué te parece el plan?
-Horrible.- respondí, mientras fruncía el ceño.- ¿Cómo pretendes que te cure?
-Ya lo hiciste una vez.- respondió él, encogiéndose de hombros.
Entonces recordé el día en el que me habían atacado en el pueblo. Erick tenía una profunda herida en el abdomen y se la curé dios sabe como.
-Está bien. Te curaré.- dije, cruzándome de brazos- Pero solo si me dices de una vez que soy y porque tanto secretismo.
Él formo una sonrisa burlona en su cara y me miró, alzando una ceja divertido.
-Creo que no voy a aceptar tu trato- dijo, dando un paso hacia mí- Pero que sepas, que si muero desangrado, tendrás menos posibilidades de saberlo.
Lo fulminé con la mirada y le di la espalda.
-Odio que tengas razón.- gruñí.
Este soltó una cantarina risita. Tras unos segundos, inexplicablemente apareció frente a mí de la nada. Sus ojos azules me miraban con aparente diversión.
-¿Pero cómo...?- dije, mirándolo con incredulidad- Hace un momento estabas ahí y ahora...
Él me ignoró completamente y cambió de tema.
-Mira, yo entraré volando con Naomi hasta mi habitación.- explicó él, mientras me señalaba con el dedo su ventana.- Tú vas por el interior de la academia y nos reunimos allí. Así no llamaremos la atención.
Asentí con la cabeza, dando mi aprobación. No era tan mal plan al fin y al cabo, odiaba que no se me hubiera ocurrido a mí.
Entonces Erick posó a Naomi suavemente en el suelo.
-Yo de ti me alejaba un poco.- me avisó él.
Dí unos pasos hacia atrás y lo contemplé, algo luminoso empezaba a fluir de su espalda. Aquella luz se hizo más y más intensa con el paso de los segundos, de manera que Erick quedó totalmente envuelto en ella. Desvié la mirada y la luz cesó.
Parpadeé un par de veces y tras acostumbrarme a la luz, no pude evitar dirigir mi mirada a Erick, quien levitaba en el aire con Naomi en brazos y sus hermosas alas extendidas.
Sus ojos azules parecían tener luz propia, me dirigió una media sonrisa y, unos segundos después, ascendió con una rapidez inhumana hacia la ventana de su habitación. Contemplé, fascinada, el rastro de luz que habían dejado sus alas en el cielo.
Entonces cogí aire y me adentré en la academia. Al igual que cuando había salido, no había absolutamente nadie vigilando la entrada, de manera que, de lo único que me tuve que preocupar fue de intentar hacer el menor ruído posible.
Subí hasta la segunda planta, en la que se encontraba la habitación de Erick. No me costó demasiado encontrarla, ya que mi habitación estaba en el mismo pasillo. Me paré en la puerta con el número 140 y di unos suaves toques en ella. Oí pasos al otro lado de la pared y finalmente, el manillar de la puerta comenzó a moverse. De repente empecé a ponerme nerviosa, nunca había estado a solas en la misma habitación que un chico de mi edad. Sacudí la cabeza y quité esas absurdas ideas de mi mente.
Erick estaba apoyado en el marco de la puerta haciendome un gesto con el brazo para que pasara. Pude advertir en que había cambiado su camisa azul (la cual había presentado manchas de sangre), por una blanca totalmente limpia. La camiseta se le pegaba al cuerpo de manera que sus músculos se marcaban. Se me ocurrió mirar mi vestido, el cual presentaba un aspecto pésimo, tenía manchas de sangre en la falda y pequeños desgarrones en la parte inferior. Me avergoncé ante mi aspecto, en cuanto llegara a mi habitación tiraría el vestido a la basura.
Desvié la mirada de él y decidí entrar en su habitación. Todo estaba pulcramente ordenado.Tenía algunos bocetos de dibujos sobre su mesa a medio hacer, y las paredes estaban repletas de cuadros pintados por él. Olisqueé durante unos segundos, su habitación desprendía un agradable aroma que, tras unos instantes, identifiqué como lavanda. El cuerpo inconsciente de Naomi descansaba sobre su cama.
-¿Has terminado de inspeccionar ya mi habitación?- dijo la voz de Erick a mis espaldas.
Me giré. Él estaba cruzado de brazos de manera que sus músculos sobresalían, sus ojos azules presentaban una expresión burlona.
-Solo contemplaba tus dibujos.- dije, echándole un último vistazo a las paredes de su habitación.- Por mucho que me cueste, tengo que admitir que son realmente buenos.
Sentí como él se acercaba más hacia mí. Cada vez eran menos los centímetros que nos separaban.
-¿Cuál es tu favorito?- sentía su aliento en mi oreja, haciendo que mi cuerpo se estremeciera levemente.
Sin siquiera pensarlo señalé uno situado en la pared derecha. Representaba a un humano con alas, podía ver en él características propias de un ángel, como la luz en sus hermosos ojos dorados, pero también propias de un demonio, como las sombras oscuras en sus alas. Detrás de esta criatura se podía ver a un grupo de ángeles y demonios que parecían estar en guerra.
A pesar de no ver su rostro, sabía que Erick debía de estar formando una de sus medias sonrisas.
-Es curioso que elijas ese.- susurró- ¿Por qué?
Me giré, nuestros rostros se encontraban a escasos centímetros. Notaba como sus ojos azules escaneaban los míos.
-No... No lo sé.- respondí, sosteniéndole la mirada- Hay algo en ese cuadro... Algo, que me llamó la atención desde el principio.
Este me contempló durante unos segundos más, hasta que, finalmente se alejó de mí. Se sentó en el borde de la cama y empezó a sacarse la camiseta con cuidado.
Ahogué un grito al ver la herida de su costilla derecha. Era mucho más profunda de lo que pensaba. Lo más raro de todo es que no salía nada de sangre por ella, presentaba un aspecto negro, como si ese pedazo de piel se estuviera pudriendo.
-¿Tan feo soy?- dijo Erick, al ver la expresión de mi cara.
-No es eso idiota.- bufé, mientras me acercaba para inspeccionar la herida más de cerca.
-Entonces soy guapo.- dijo, sonriendo.
Rodé los ojos y decidí cambiar de tema.
-No esperé que fuera tan profunda.- dije, mientras pasaba mi dedo por la superficie de la herida.
Pude ver como Erick formaba una mueca de dolor en su rostro, por lo que decidí apartar mi dedo.
-¿Te he hecho daño?- pregunté, preocupada.
Él negó con la cabeza y recogió un mechón de pelo que caía sobre mis ojos detrás de mi oreja.
-Haz lo que tengas que hacer.- dijo él, guiñándome un ojo.
-Si supiera lo que tengo que hacer...- murmuré.
Este se recostó en la cama, apoyando los codos en el colchón, de manera que me daba una visión más amplia de la herida.
-¿Qué hiciste la última vez?- me preguntó.
Pude detectar un suave brillo en sus ojos azules.
-Pues... Yo... Simplemente pensé en que quería curarte y una energía se formó en mi pecho y fluyó por las llemas de mis dedos.- bajé la mirada, mientras me echaba el pelo hacia atrás.- Sé lo que debes de estar pensando... Es una estupidez.
Erick se acercó suavemente a mí y posó su mano en mi barbilla, obligándome a alzar la cabeza. Nuestros rostros se encontraban a escasos centímetros. La luz de la luna entraba por la ventana, marcando sus altos pómulos y dándole un suave brillo a sus labios carnosos. Sus ojos de oscuras y largas pestañas penetraban en los míos.
Mis manos sudaban y sentía como mi respiración se volvía más agitada.
-Lena...- la forma en la que pronunció mi nombre hizo que me estremeciera- No es ninguna estupidez. Yo confío en ti y tú deberías hacer lo mismo. Haz esto por mí, por favor.
Pude ver una huella de dolor en sus ojos azules. Él estaba sufriendo. Intentaba aparentar que apenas le dolía, pero aquella herida lo estaba matando.
Me alejé de él y me desprendí de mi capa de piel, dándome más movilidad en los brazos.
-Túmbate.- le ordené, mientras me situaba, de rodillas, a pies de la cama.
Este me obedeció sin rechistar. Situé mis manos en la herida y cerré los ojos.
'' ¿Qué es lo que quieres?'' preguntó, una voz en mi cabeza.
'' Quiero curarle.'' pensé, mientras apretaba los ojos con más fuerza '' No quiero que muera''.
Entonces lo sentí, una suave corriente de energía que empezaba a nacer en mi pecho. Esta energía salió al exterior a traves de mis dedos, provocandome un leve cosquilleo.
Abrí los ojos y comprové, como la herida se había curado por completo. Sentía la mirada de Erick clavada en mí. Sonreía, haciendo que sus mejillas adquirieran un adorable tono rosado.
Entonces se arremangó el pantalón, dejándo al descubierto la otra herida que le quedaba en la pierna. Esta la curé con una facilidad que me pilló por sorpresa incluso a mí misma.
Me senté en el borde de la cama junto a Erick, quien ya se había puesto la camiseta. Me apoyé en la pared, ya que me sentía ligeramente cansada.
-Gracias.- dijo él, de repente, mientras se giraba para mirarme- Ya son tres veces las que me has salvado la vida.
-No hace falta que las des.- dije, guiñándole un ojo- Siempre que tú me salvas, yo te salvo.
-Supongo que hacemos un buen trabajo en equipo.- dijo él, dirigiéndome una pequeña sonrisa.
Seguidamente se levantó de la cama y levantó el cuerpo de Naomi.
-Deberíamos dejarla en la enfermería.-
Asentí con la cabeza, fui a levantarme de la cama cuando un mareo repentino hizo que estuviera apunto de caer al suelo. Me apoyé en la pared, intentando recuperar el equilibrio. No entendía que me pasaba, me sentía realmente agotada.
-Lena, ¿te encuentras bien?- me preguntó, pude ver por la expresión de su rostro que estaba preocupado- Puedes quedarte aquí si quieres, yo dejaré a Naomi en la enfermería.
-Estoy bien.- dije, mientras me situaba a su lado- Solo ha sido un pequeño mareo.
Este me dirigió una fugaz mirada con la duda pintada en sus ojos, pero al ver que yo insistía en ir, decidió dejarlo pasar.
Bajamos a la primera planta de la academia, donde se encontraba la enfermería. Se me ocurrió mirar por la ventana y pude comprobar como ya se había hecho de día.
'' Y yo no he dormido nada.'' pensé mientras intentaba mirar mi reflejo en alguna de las ventanas.'' probablemente debo de tener unas enormes ojeras.''
Finalmente llegamos en la enfermería. Me adelanté para poder abrirle la puerta a Erick, quien me dedicó una pequeña sonrisa mientras seguía cargando con Naomi.
Una enfermera bajita se encontraba sentada en una silla, tras una mesa. Apoyaba la cabeza en sus manos y sus párpados amenazaban con cerrarse. Al ver entrar a Erick con Naomi inconsciente en sus brazos abrió los ojos como platos y salió disparada hacia nosotros.
-¿Pero qué le ha pasado?- preguntó la enfermera, con aparente preocupación.
Erick me miró a mí. Pude detectar una pizca de nerviosismo en sus ojos azules. Parecía querer que fuera yo la que se inventara algo para explicar el estado de Naomi.
Tragué saliva y desvié los ojos de él para mirar directamente a la enfermera, quien esperaba nuestra respuesta de brazos cruzados.
-Erick y yo estábamos en el bosque y nos la encontramos inconsciente en el suelo.- dije, intentando que mi voz sonara asustada- Su cabeza estaba encima de una enorme roca, por lo que deducimos que probablemente se habría resbalado hacia atrás y golpeado con la roca en la cabeza.
-Vaya...- dijo, la bajita enfermera.- Lo que no me explico es, ¿qué narices hacíais vosotros en el bosque?
-Pues...- empezó a decir Erick, pero yo le interrumpí rápidamente antes de que pudiera continuar.
-Ayer estuve estudiando por la mañana allí. Me gusta estudiar al aire libre.- expliqué.- Entonces anoche fui a mirar mis apuntes de historia, ya que hoy tengo examen y resulta que no estaban. Supuse que me los habría dejado allí. Erick se ofreció voluntario para acompañarme.
Me sorprendí de lo muy sincera que sonaba mi voz. Siempre se me había dado bien mentir, no era algo de lo que me sintiera orgullosa, pero de vez en cuando, conseguía sacarme de algun que otro apuro.
-Entiendo.- dijo, mientras se dirigía hacia una cama libre, con nosotros pisándole los talones.- Salir al bosque por las noches está prohibido y normalmente a los que lo hacen se les castiga, pero por esta vez os lo dejaré pasar, ya que habéis salvado a esta pobre chica.
Erick y yo nos miramos con aparente alivio en nuestros rostros. Este dejó a Naomi sobre la cama que le indicó la enfermera.
Una vez fuera de la enfermería, no pude evitar soltar un pequeño suspiro de alivio. Erick me miró, formando una media sonrisa en su cara.
-No sabía que mintieras tan bien.-
-Soy buena actriz.- dije, encogiéndome de hombros.
-Siento no haberte ayudado con la escusa sobre el estado de Naomi. Los ángeles no podemos mentir.- explicó- Probablemente lo habría fastidiado todo si hubiera hablado.
-No pasa nada.- dije, mientras él daba media vuelta para marcharse a su habitación.- Erick.- este se giró para mirarme.- Gracias.

Él me dedicó una amplia sonrisa y continuó su camino.

Bueeeeeeeenas mis guapas y guapos lector@s!
¿Qué tal os va?
La verdad que empezaba a tener un poco abandonado esto de blogger :L
¡Pooor cierto! ¡Notición del día! ¡Mi novela ya tiene título! 
*aplausos imaginarios*
''Entre la luz y la oscuridad'', creo que este título le va MUY MUY BIEN jajaja (ya entenderéis porque mis bebés).


Os pido disculpas por haber tardado tanto en publicar, pero esta vez tengo una escusa decente. Esta semana pasada fueron las fiestas de mi urba, por lo que estuve ocupada todos los días.
¡ Nos hicimos hasta camisetas! 
En fin, ESCUCHAR ESTA CANCIÓN.
alsdfjsfoisjoifjsofsiss SALEN IMÁGENES DE CITY OF BONES, ME MUERO *.*
Byeee !

miércoles, 21 de agosto de 2013

Capítulo 6, primera parte

CAPÍTULO 6, PRIMERA PARTE
Entonces, una luz blanca cegadora se adueñó del lugar. Noté la mano con la que Erick me sujetaba el brazo extrañamente caliente. La luz cada vez se hacía más fuerte, por lo que cerré los ojos con fuerza, mientras me soltaba del agarre de Erick.

Solté una palabrota por lo bajo. Y entonces, cuando empezaba a pensar que me ardían los ojos, aquella luz cesó.

Abrí los ojos lentamente, acostumbrándome de nuevo a la oscuridad de la noche. Solté un suspiro de alivio y miré a mi alrededor, buscando la causa de aquella luz.

Lo que vi me dejó petrificada.

Erick se alzaba suspendido en el aire, dos enormes alas blancas salían de su espalda. Todo él brillaba con fuerza. Sus ojos, eran del azul más puro. Él me dedicó una tímida sonrisa cuando vio que le estaba contemplando. Me era imposible dejar de mirarlo, era lo más hermoso que había visto en toda mi vida. Sus alas blanquecinas atraían la atención de mis ojos como si se tratara de imanes.

Entonces Edward soltó una carcajada. Haciendo que volviera a la realidad y desviara mi mirada de Erick.

- Querida, tendrías que haber visto tu cara mientras lo mirabas. Se te caía la baba.-

Pasé mi mano por mi boca, asegurándome de que no hubiera baba en ella.

Él volvió a soltar una carcajada aún más fuerte que la anterior.- Solo estaba bromeando.- se secó las lágrimas que se habían posado en sus mejillas a causa de la risa y me contempló, soltando un suspiro.- ¿Sabes? Eres igualita a tu madre. Su viva imagen.

Fruncí el ceño extrañada. Era la primera vez que alguien me decía que me parecía a mi madre. Normalmente la gente no solía encontrarme parecidos con mis padres.

- ¿ Conoces a mi madre?- pregunté con aparente curiosidad.

- ¿Qué si la conozco? - soltó una pequeña risita- ¡Todo el mundo la conoce!

Entonces, antes de que pudiera replicar, Erick apareció a espaldas de Edward y, con un ágil movimiento, sacó una daga de empuñadora dorada y arremetió contra él.

Este, se apartó rápidamente, de manera que la daga apenas llegó a rozarle.

- Buen intento angelito. - dijo en tono burlón mientras un destello negro aparecía en sus ojos azules- La verdad, empezaba a echar de menos los clásicos, ángel contra demonio.

Entonces dejó que Naomi cayera al suelo. Y, con un grito de furia, arremetió contra Erick.

Yo corrí hasta donde había caído el cuerpo inconsciente de Naomi. Le tomé el pulso, parecía correcto. Ella, por lo general parecía estar bien, no tenía ninguna herida, exceptuando un pequeño arañazo en su mejilla derecha.

Suspiré, aliviada y la abracé.

- Eres estúpida.- le regañé, a pesar de que sabía que ella no podía escucharme.- En cuanto despiertes te vas a enterar.

Entonces pensé en lo ocurrido. ¿Qué iba a contarle a Naomi cuando despertara? ¿Qué el chico del que estaba enamorada es un demonio que me quiere para no sé que? ¿Qué Erick es un ángel y me acompañó a rescatarla? No... Desde luego tendría que inventarme algo mejor, algo que por lo menos resultara creíble.

Un grito proveniente de la pelea que estaba teniendo lugar en el cielo hizo que mis preocupaciones se esfumaran. Alcé la mirada. Tanto Erick como Edward estaban recubiertos de sangre. Ambos se miraban, el intenso odio que desprendían los ojos de ambos hizo que mi cuerpo se estremeciera levemente.

Entonces Edward se avalanzó sobre Erick blandiendo una daga en su mano derecha. Su golpé iba directo al corazón. Por suerte Erick se movió con rapidez, de manera que la daga se hundió en su costilla izquierda. Solté un chillido y rogué a Erick que dejara la pelea. Pero este no parecía escucharme, se abrazaba la costilla con una mueca de dolor en su rostro.

- Eso te ha dolido, ¿verdad angelito?- dijo el demonio, en tono burlón, mientras soltaba una enorme carcajada.

Pude ver el odio intenso con el que Erick miraba a Edward, parecía querer fulminarlo con la mirada.

El demonio aprovechando el estado débil de Erick arremetió de nuevo contra él, consiguiendo alcanzar su pierna derecha. Erick se mordió el labio inferior con tanta fuerza que gotas de sangre empezaron a descender por él.

Solté un chillido.

''Lo va a matar... Como no haga algo lo va a matar...'' pensé mientras contemplaba a Erick.

Entonces, algo extraño pasó. Edward dio un pasó hacia Erick con su daga en mano con intención de atacar cuando chocó con algo invisible que le impedía pasar.

El demonio abrió los ojos como platos, sorprendido, intentó volver a cruzar, pero aquella barrera invisible se lo impedía.

Erick, aprovechando la sorpresa del demonio, arremetió contra él con una rapidez inhumana y clavó la daga en su corazón.

Ahogué un grito, mientras contemplaba como Erick, con el rostro repleto de sangre, sostenía el cuerpo inerte del demonio, apretando su daga en el corazón de este.

Tras unos segundos dejó el cuerpo del demonio caer y guardó su daga en su cinturón. Entonces empezó a descender y, una vez sus pies tocaron el suelo, guardó sus hermosas alas en su espalda hasta que estas desaparecieron por completo, como si nunca hubieran estado allí. Contemplé todo esto con atención, mientras mi cabeza daba vueltas y vueltas a todo lo ocurrido.

Erick alzó la cabeza y me miró, clavando sus hermosos ojos azules en mí, seguidamente se dirigió hacia el inconsciente cuerpo de Naomi que yacía junto a mí y cargó con él en sus brazos. Los músculos de su brazo se tensaron levemente ante el peso de Naomi, pero él la alzaba con facileza, como si apenas pesara.

- Deberíamos irnos.- dijo, mientras se internaba, de nuevo, en el bosque.

Asentí con la cabeza en silencio y corrí, hasta situarme junto a él.

Continuamos en silencio el camino hacia la academia. De vez en cuando no podía evitar mirar de reojo a Erick, tenía tantas preguntas que hacerle, no sabía por donde empezar.

- Lena...- dijo Erick, haciendo que alzara la mirada hacia él- Perdóname. Hoy te he puesto en peligro. Detecté actividad demoniaca a la entrada de la taberna y en vez de dar media vuelta, entré. No pensé que hubiese un demonio dentro, me esperaba encontrar un par de rastreadores quizás...

Me detuve, haciendo que Erick se detuviera también.

- No tienes porque disculparte. Probablemente si me hubieras hecho dar marcha atrás no te habría hecho caso.- dije, soltando un pequeño suspiro.- Todo esto es tan...Raro... Erick, ¿qué son los rastreadores?

Este me dedicó una enigmática sonrisa, mientras metía las manos en sus bolsillos.

-Empezaba a extrañarme que no me preguntaras nada.- dijo él.- Se podría decir que los rastreadores son las mascotas de los demonios. ¿ Te acuerdas de aquellas criaturas rojas que te atacaron?

Asentí con la cabeza, desde luego, no me olvidaría de unas criaturas como aquellas.

- Pues eso son rastreadores. Son los sirvientes de los demonios, les hacen el trabajo sucio, sus recados, también he oído de alguno que les limpia la casa.- solté una pequeña carcajada al imaginarme a una criatura de esas barriendo el suelo mientras un demonio se tumbaba en el sofá y leía el periódico.

- Entonces, tú... Eres un ángel, ¿no?

- Muy observadora.- dijo él con ironía.

Alcé una ceja.

- Y... ¿Por qué estás aquí? ¿ No deberías estar en el cielo? Porque es allí donde viven los ángeles, ¿no?-

Erick sonrió, mostrando sus brillantes y bien alineados dientes.

- Hay varios tipos de ángeles. Yo,provengo de una familia de ángeles guardianes.- explicó, manteniendo esa hermosa sonrisa en su boca- A cada uno de nosotros se nos encomienda un lugar del mundo. En mi caso, el mío es la academia Piñedo. Mi misión es proteger el recinto de demonios.

- Entonces... Si a cada uno de vosotros se les encomienda un lugar del mundo... Debéis de ser millones.- razoné, sorprendida.

- Si solo los ángeles guardianes somos millones, imagínate contando a las otras clases.-

Me detuve a recapacitar durante unos instantes. Si los ángeles se mezclaban entre los humanos para protegernos, probablemente, habría conocido a más de uno en mi vida sin saberlo. Contuve el aliento, asombrada.

- Lo que no entiendo es... ¿Por qué me cuentas todo esto? ¿Soy la primera humana que conoce la existencia de los ángeles?- finalmente solté la pregunta que llevaba en mi cabeza desde que Erick empezó a responderme.

Este clavó sus ojos azules en mí, aquella hermosa sonrisa había desaparecido de su rostro, el cual se mostraba repentinamente serio.

- Lena... Tú no eres humana.-

Sus palabras impactaron en mi corazón como si hubiese sido golpeada por un millón de dagas.

- Entonces... ¿Es...es verdad lo que dicen?-tartamudeé, realmente confusa.- Erick... ¿Tú crees que soy una bruja?

Este alzó una ceja, sorprendido, y tras unos segundos en silencio habló.

- ¿Una bruja? ¡Por supuesto que no eres una bruja!- dijo, como si fuera obvio.- ¿De dónde narices has sacado eso?

Bajé la mirada algo avergonzada. Ahora sí que me sentía realmente estúpida.

- Bueno... Últimamente están pasando cosas raras a mi alrededor. Y... Después de lo que ocurrió con Lauren, muchos pensaron que era bruja, supongo que de tantas veces que lo oí acabé por creérmelo.- murmuré, algo avergonzada.

- Si te sirve de consuelo, las brujas no existen.- dijo, guiñádome un ojo.

Esbocé una pequeña sonrisa. Entonces, contemplé el rostro de Erick y, tras unos segundos, advertí que todas sus heridas exceptuando la de la costilla y la pierna habían desaparecido.

- Erick...- murmuré, haciendo que este se girara para mirarme.- Tus heridas... Han... Han desaparecido.- comenté, asombrada.

- Soy un ángel, mis heridas se curan solas al cabo de unos minutos.- explicó.

Entonces volví a echarle una mirada a la profunda herida de la costilla y luego a la de la pierna, asegurándome de que aún estaban ahí.

- ¿ Y por qué estas no se te van?- pregunté.

- Por que están hechas con armas blancas.- entonces se detuvo, sacando una daga de empuñadura dorada de su cinturón.- Esto es una arma blanca. Son las únicas armas capaces de herir a ángeles y demonios.

La empuñadora dorada de la daga tenía grabada alas de ángel. El filo era realmente fino y brillaba a causa del reflejo de la luna.

Tras unos segundos jugueteando con la daga, Erick la guardó de nuevo en su cinturón.

Entonces, sentí pequeños pinchazos en el brazo en el que me había mordido uno de los rastreadores. Lo agarré con una mueca de dolor, esperando encontrar una costra de sangre en él, pero lo más sorprendente es que el tacto del brazo era totalmente liso. Fruncí el ceño, extrañada, y lo miré.

Lo que vi me heló la sangre. Aquella enorme herida que había tenido minutos atrás en el brazo había desaparecido totalmente.

Erick al ver que me detenía, se paró de golpe y me contempló con aparente preocupación.

- Lena, ¿te pasa algo?-

Yo, que me había quedado de piedra, conseguí articular unas palabras.

-Mi... Mi brazo...- balbuceé- Tenía una herida... Y... Ya no está...

Entonces, las palabras que Erick había dicho apenas unos minutos antes volvieron a mi mente:

'' Soy un ángel, mis heridas se curan solas al cabo de unos minutos.''

'' Esta es una arma blanca. Son las únicas capaces de herir a ángeles y demonios''.

Me paré en seco. Comprendiendo de golpe porque mi herida se había curado.

- Erick...- este se volvió para mirarme- Cuando dijiste que no era humana... ¿Qué querías decir?

Este desvió la mirada al suelo. Era la primera vez que veía a Erick incómodo y sin saber que decir. Una sombra oscura pasó por sus azulados ojos.

- Olvida lo que dije, no tiene importancia.- dijo, tras unos segundos en silencio, mientras continuaba andando.

- Pero... Mis heridas se han curado solas...- murmuré, mientras me colocaba a su altura- ¿Soy...soy un ángel?

Este aceleró el paso, dejándome atrás de nuevo.

- No debería haberte contado nada, aún no estás preparada.-

- Eso no responde a mi pregunta.- dije, frunciendo el ceño.

- En serio Lena, no te conviene saberlo todavía...-

Me paré en seco, cruzándome de brazos.

- Estoy harta de esto. Estoy harta de que no me cuentes la verdad. ¿ Por qué te empeñas en no contarme nada?- pregunté, furiosa. No pude evitar subir mi tono de voz más de lo debido- ¡Quiero saber quien soy! A veces pienso que todo el mundo lo sabe menos yo...

Erick se pasó una mano por el pelo, secándose las gotas de sudor que caían por su frente.

- No lo entiendes...- murmuró.

Me coloqué a su lado, notaba como la vena del cuello me latía con fuerza. Me sentía furiosa, odiaba que no me dijeran la verdad.

- ¡Pues explícamelo!-

- ¡Solo intento protegerte!- gritó él- No soportaría que alguien te hiciera daño.- dijo, en un tono más calmado.

Su última frase hizo que se me estremeciera el corazón, pero aún así seguía furiosa.

- ¿Protegerme de qué?- le grité- ¿ Tienes idea de lo duro que es que todo el mundo sepa quien eres menos tú misma?

Él desvió la mirada al suelo. Permanecimos unos segundos quietos. En silencio.

- Deberíamos irnos. Está amaneciendo.- murmuró Erick, mientras emprendía de nuevo, el viaje.

- ¿Sabes? Odio cuando haces eso.- dije, furiosa- Siempre cambias de tema cuando no me quieres contestar.

Este se giró de golpe, su cara estaba roja de la ira. Su respiración era agitada, de manera que su pecho subía y bajaba con rapidez.

- ¡No tienes idea de lo que estoy pasando por protegerte!- gritó él- Puede que pienses que soy un capullo por no contártelo, pero créeme, si tú estuvieras en mi lugar tampoco lo harías.

Abrí la boca para replicar, pero las palabras no salieron de ella.

El resto del camino lo pasamos en silencio. Estaba tan furiosa que no tenía siquiera ganas de hacerle más preguntas sobre los ángeles y demonios.

¿ Por qué Erick se molestaba tanto en ocultarme la verdad?

¿Qué se supone que soy?



¡Buenas mis queridas lectoras!
¿Qué tal os va?
Siento mucho haber tardado tanto en subir... SORRY
Si supierais lo que me pasó... Me cargué el pen en el que estaba escribiendo la novela, por lo que lo que llevaba escrito del capítulo 6 se me fue a la mierda y me tocó volverlo a escribir, total, que mi cara fue así como:



 
( Jamie está adorable hasta así *.*)
En fiiin queridas, me voy antes de que el puto internet del móvil me falle de nuevo.
Bye, bye :)

PD: ESCUCHAR HEART BY HEART DE DEMI LOVATO